UNA NUEVA ETAPA (CCIV)

La conversación estaba cada vez más animada. Entusiasmados por la inexplicable locura de nuestro buen amigo, virábamos entre las cariñosas censuras, las suaves protestas y las alegres bromas. El tiempo se nos escapó sin apenas darnos cuenta. Sólo nos percatamos al observar cómo el vacío que se formaba a nuestro alrededor era cada vez mayor; la gente acababa de comer y se marchaba a clase. Nosotros, en cambio, estábamos enfrascados en aquel notición.

Si hasta el momento no he querido detenerme en especificar a quiénes pertenecían las voces de los discursos, es por el mismo motivo que no lo hice la vez primera, y por la misma razón que no lo haré en el resto de la charla; porque lo veo insustancial para conocer el hecho en sí; y porque, por otra parte, creo que le resta agilidad a la conversación. En los casos que convenga, como por el propio contexto, ya podrá deducirse quién es el orador.

-Bueno, son las cuatro. Alguien debería ir pensando en ir a clase.

-Es verdad. Quedas elegida por unanimidad.

-¿Qué tenemos ahora?

-Medicina legal.

-¿Y si le pedimos a alguien los apuntes?

-¿A quién?

Alguien nos los dejará.

-Tú le echas mucho morro.

-La medicina legal me gusta, pero no todos los días se casa un amigo; es más: no todos los días un amigo comete un delito.

-Venga, tío. No te pases.

-Oye, que te casas para que una tía consiga los papeles; eso es un fraude. Y, como agravante, te lucras. Y, por si fuera poco, estudias para abogado. Tienes la ironía marcada en la frente.

-Lo primero es que yo estudio Derecho; no he dicho que vaya a ser abogado. De hecho, a día de hoy no sé qué voy a hacer dentro de cuatro o cinco años. Y, en segundo lugar, lo de los papeles es una tontería. Aunque nos pillaran, lo peor que podría pasar sería que no se los dieran.

-Sí, claro. Tú fíate de la justicia, que las cárceles están llenas de inocentes para que los que de verdad roban puedan seguir en la calle.

-Entonces, ¿tú no confías en la justicia?

-Creo que tú eres la única persona en este país que confía en la justicia, alma cándida. Aquí, cuanto más robas, señal de que más fuerza tienes; puedes pagar buenos abogados, sobornar jueces… Y a la cárcel van pobres desgraciados, para que parezca que la justicia funciona.

-¿Y los demás pensáis así?

-Venga, tío. Desengáñate ya. Es como lo que hablamos sobre Narayan. A nivel mundial hay una hipocresía y un cinismo impresionantes. A nivel nacional ocurre exactamente lo mismo. Pero bueno, no te preocupes. Iremos a verte. Además, en la cárcel podrás continuar los estudios; y con el tiempo libre que vas a tener, sacarás matrículas. Saldrás de la cárcel convertido en un abogado con un gran futuro por delante. Ya te veo defendiendo a políticos corruptos.

-Sí; es posible. Pero lo que más me gustaría sería enchironaros a todos; sobre todo a ti.

-No sé. La verdad es que no me cabe en laa cabeza la idea de que te vayas a casar; no tiene sentido. Te echarás atrás; estoy segura. Si te casas, yo me meto a monja.

-Como quieras; es tu decisión.

<<Gabi, tío, lo siento. Que conste que yo no la he forzado; pero tu novia prefiere ponerte los cuernos con un judío barbudo.

Ajeno a nuestra intimidad, Juan no era consciente de lo inoportuno que podía ser su comentario. Por suerte, el ambiente de humor hizo que sus palabras pasaran desapercibidas y se perdieran entre las bromas acerca del futuro que le esperaba al salvaje bohemio.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

29-07-2018.

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