UNA NUEVA ETAPA (CCXVII)

-Lo siento mucho, cariño.

-Gracias. Es raro. En realidad, no tenía trato con él; sólo lo he visto en las últimas bodas en que hemos coincidido; una de ellas, la suya. Si lo pienso fríamente, no tengo motivos para preocuparme; no es algo que me afecte directamente.

-Pero es alguien de tu familia; le has conocido, aunque fuera de una manera un tanto lejana. Es normal que te afecte.

-No sé; tal vez. Pero creo que me importa más porque ha sido algo inesperado; porque un primo mío, diez años mayor que yo, todavía en la flor de la vida, se encuentra en una situación crítica; y todo eso me hace recordar los malos tragos que he pasado hasta el momento, siempre entre hospitales; y cómo de pequeño pasé tanto tiempo al borde de la muerte. Este primo, como todos, estaba al día de mi situación, y siempre que nos vimos me trató con mucho tacto. Es una buena persona.

-Lo siento mucho, cariño. Chicos, ¿os importa cogernos los apuntes.

-No te preocupes, tesoro. Prefiero ir a clase; así estoy ocupado. Además, no quiero perder el cuatrimestre.

Así lo hicimos. Tal vez mi idea de dar un paseo con él fuera buena, pero quiso mantener la mente centrada, y ya de paso continuar con nuestra compañía.

Sin dejar de prestar atención, yo no le quitaba el ojo de encima. Me parecía que empezaba a comprender lo que le rondaba por la cabeza. Aquella reminiscencia no tenía que ser agradable. Aunque esta vez se encontrara a la otra parte de la barrera, se sentía como si continuara siendo él el paciente.

Aquel día terminamos a las siete. Después de intercambiar impresiones, decidimos acercarnos al hospital. De camino, ya con una mayor intimidad, podría tratar de abordarlo.

-Mi padre no tiene demasiado trato con sus hermanos desde que se casó; se hizo más distante. Es muy nostálgico, y le gusta recordarlos como eran en la infancia, cuando la época de la dictadura. Entonces, en medio de toda la pobreza que había, salían todos, siete en total, en busca de hierro, cobre y otras cosas por las que les dieran algún dinero. Ellos, como es típico de los niños, se lo tomaban como un juego, como una aventura.

<<Pero conforme se hizo mayor, se casó y se fue al pueblo, se distanció de sus hermanos, a quienes veía muy distintos de aquellos niños a quienes había conocido, aunque también era consciente de que él había cambiado tanto como ellos. No pudo escapar a la filosofía, su gran pasión; a los clásicos griegos y al determinismo de Schopenhauer y de Nietzsche; a un nihilismo que crea vértigo.

-Creo que algo de eso hay en ti.

-Obviamente. He heredado mucho de mi padre. Además, es quien siempre se ha preocupado por mí. Lo que no me haya entrado por genética, lo ha hecho por contacto físico, por sus explicaciones.

<<Pero bueno… El caso es que, a pesar del distanciamiento de sus hermanos, nunca rompió el vínculo; mantuvo el trato, especialmente con los mayores. Uno de ellos, el cuarto, el que va inmediatamente antes de él, le telefoneó anoche y le contó.

<<Mi primo tenía gripe. A pesar de todo se puso a fumar una noche en el balcón, para no echarle encima el humo a su hija; tiene una cría de meses. El aire frío hizo que la gripe le fuera a más. Por si fuera poco, era un fumador empedernido. Todo se complicó de una manera imprevista. Tenía las defensas demasiado bajas.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

19-08-2018.

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