UNA NUEVA ETAPA (CCXXIII)

Así estuvimos durante el resto de la semana; salíamos a las seis y nos pasábamos una hora con su familia, cada vez más desesperada. Yo procuraba mantenerme al margen, consciente de lo inconveniente que era entrar en una plática tan íntima y triste, cuando no era más que una desconocida. Observaba de soslayo a la que ya consideraba viuda; aquella mujer que, en medio de una circunstancia tan adversa como la que le deparaba la vida, mostraba singular entereza. Más allá del dolor que por dentro le afligía, permanecía de pie, sin apenas darse reposo alguno, a la espera de que los médicos trajeran nuevas noticias, o exigiéndolas con vehemencia si demoraban. Hablaba en ocasiones con alguna joven que se le acercaba -que intuí sería pariente-; pero la mayor parte del tiempo lo pasaba silenciosa, recorriendo la sala de parte a parte, aguardando los informes y ansiando ver a su marido.

Mi actitud discreta se asemejaba en algo a la de aquella buena mujer. Ella debía de pasar en aquel lugar mucho más tiempo que yo; mas, cuando coincidíamos, ambas callábamos, a la espera de que alguien nos sacara de nuestro mutismo. En mi caso era Gabi, por supuesto; pero el sábado, en uno de esos momentos en que me hallaba recogida en mis pensamientos, se me acercó Marta.

-Hola. ¿Cómo va? Creo que eres la novia de Gabi. No hemos hablado.

-Ya. No conozco a nadie; y por respeto a la familia prefiero mantenerme al margen. Sé que no es fácil.

-Gracias. ¿Llevas mucho tiempo con Gabi?

-Un año. Somos compañeros de clase.

-Un año ya es.

-Sí, bueno… No es un rollo de unos días; es algo más serio; conoces más a la otra persona. Tu primo es muy sensible; y muy tímido. En realidad, creo que si yo no hubiera dado el primer paso, ahora no estaríamos juntos.

-Pareces una buena chica; te preocupas por él.

-Es algo normal. Conoces a Gabi; sabes lo bueno que es. Es imposible no quererle.

-Sí; es verdad.

<<Cuando todo esto acabe, me gustaría que os pasarais por casa para tomar algo, o para quedaros a comer, y que habláramos. Además, Iván no te conoce. Le caerás muy bien.

Aquella charla terminó cuando se abrió el turno de visitas y Marta entró con su hermano. Gabi y yo fuimos los últimos. Tras esto, nos separamos.

Llegamos a casa agotados. Las chicas, que ya se habían acostumbrado a nuestra tardanza, nos habían dejado algo de cenar.

-¿Qué tal está tu primo?

-Igual. Lleva así dos semanas; no mejora.

-¿No ha salido del coma?

-Es que lo pasa fatal si está despierto; los médicos prefieren que esté dormido. Pero lo peor es para la familia. Todos están teniendo mucho desgaste; es mucha tensión; todos los días ahí, sin saber si vivirá o no.

-¿Y tú? ¿Cómo lo llevas?

-Yo bien. Me sabe mal por mis tíos y por mis primos, y por eso voy a hacerles compañía; pero nunca he tenido demasiado trato. Lo único es por Laura, que me acompaña todos los días; la pobre se queda callada, a un lado, mientras espera a que pase la hora. En realidad, lo mejor sería que se curara o se muriera; pero salir de esta incertidumbre y de esta congoja.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

02-09-2018.

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