UNA NUEVA ETAPA (CCXXIV)

Aquélla era una verdad incómoda; una verdad que todos compartíamos, pero que no nos atrevíamos a decir, y menos delante de la familia del pobre desgraciado. Por lo que a mí respectaba, las continuas visitas al hospital se me hacían molestas, la verdad. Más allá de que fuera sólo una hora, era un ambiente cargado, deprimente; y afrontaba ese momento en solitario, salvo algunos breves coloquios con mi chico y la charla que había tenido aquella tarde con su prima; y luego veníamos directamente a casa, sin detenernos en el bar de Moustache. Echaba de menos su local; ver a aquel tipo rechoncho y risueño, a pesar de regentar un negocio de mala muerte como el que él llevaba

Pero, si añoraba las noches en que habíamos cenado ahí con nuestros amigos, lo que más echaba en falta, no obstante, era el tiempo que pasaba ahí con Gabi, tal como había sido en aquella vez primera, cuando aún no éramos más que unos simples conocidos. Quería regresar a aquel bar con mi chico. Quería regresar a aquel bar y recuperar la magia del primer día, cuando había sido yo quien, para enmendar mi falta y conseguir que Gabi recuperara -o ganara, más bien- cierta seguridad, había formado aquel grupito.

¡Qué irónico que era todo! Ahora era yo quien se arrepentía y quería volver a aquel estado inicial; la que no quería compartir su chico y prefería pasar tiempo a solas con él. ¿Quién me reconocería? Pero, al mismo tiempo, tenía que ser realista. La magia del primer momento ya no volvería; y eso me dolía mucho. De repente me sentía muy nostálgica; sentía que aquel año que había transcurrido pesaba como si fueran varios.

Por otra parte, había que cuidar la economía; no podíamos cenar fuera muy a menudo, al menos yo. Y, por si fuera poco, me alteraba faltar a clase en aquellas últimas semanas, cuando ya apenas quedaba nada para que empezaran los exámenes. Aunque nos pasaran los apuntes, no era lo mismo que asistir presencialmente; y los profesores, además, notarían nuestra ausencia.

En cualquier caso, aquel ritmo cesó a la semana siguiente. Si fue para bien o fue para mal, es algo que prefiero juzgue quien me leyere. Yo sólo puedo decir que, por lo que a mí respecta, fue un alivio.

A diferencia de lo que ocurriera la semana anterior, esta vez sí que decidimos faltar a la clase de Derecho Penal para llegar al horario de visitas. Su prima le había escrito que estaba peor; que por la mañana había tenido otra crisis.

-Oye, cariño, sé que has salido de clase para acompañarme; pero creo que esta vez será mejor que vaya solo.

-¿Qué ocurre, Gabi? ¿Está todo bien? ¿A tu familia le molesta que vaya?

-No; ¡Qué va! Marta me ha dicho que estuvisteis hablando un poco este sábado; le caíste muy bien.

-Y ella a mí. Pero, entonces, ¿qué pasa?

-Que me doy cuenta de lo pesado que se te hace estar ahí. Es mejor que regreses a casa y descanses; que pases un rato con las chicas y os divirtáis. No quiero forzarte a que me acompañes.

-No sé… No me gusta dejarte solo.

-Tranquila, cariño; yo estaré con mi familia. Nos veremos luego en casa.

-Entonces, ¿te importa si me doy un paseo y después regresamos juntos?

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

03-09-2018.

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