UNA NUEVA ETAPA (CCXXIX)

-¡Laura, Laura! ¡Despierta! ¡Tienes que salir de aquí!

La voz sonaba en mis oídos al principio de una forma imperceptible, lejana, mientras sentía cómo alguien me balanceaba para sacarme de mi sueño. Desperté aturdida por aquella violencia, por aquella urgencia con que se me agarraba por los hombros. A medida que recobraba la conciencia, reconocía la voz de Luis; y cuando, finalmente abrí los ojos, lo vi ante mí. La expresión que tenía, apremiante, me llamó la atención; nunca lo había visto así. Él siempre había sido muy calmado.

-¿Qué ocurre? ¿Qué hora es? -Pregunté, sin hacer caso de los nervios con que me incitaba a levantarme. Me encontraba somnolienta; necesitaba un respiro.-.

-Las ocho menos cuarto.

-¿Cómo? ¿Todavía no ha amanecido?

Todo continuaba a oscuras; sólo se vislumbraba una luz mortecina, como las de las farolas de la calle.

-Son las ocho menos cuarto de la tarde.

-¿Cuánto he dormido?

-Dos horas.

-¿Qué? ¿Qué dices? Llegué aquí hacia esa hora. ¿me dices que he dormido dos horas y que no ha pasado el tiempo?

-Por favor, Laura, es difícil de explicar. Levántate y salgamos; por el camino hablaremos.

Me dio la mano y me ayudó a salir de debajo del mostrador, antes de cogerme en volandas para sacarme del dichoso museo sin que me lastimara con los cristales. La calle continuaba muerta, sin una sola alma, con un silencio aterrador; pero, al menos, ya no estaba sola; y, además, había salido de aquel lugar.

Una vez en la calle, Luis me dejó en el suelo.

-Bueno, ¿vas a contarme ahora qué coño está pasando?

-Ojalá pudiera hacerlo de una manera que lo entendieras.

-He descubierto que tanto tú como tu hermano existís, me he acostado con el diablo, he pasado una noche encerrada en un museo, ha habido una tormenta apocalíptica y el museo se ha venido abajo; luego ha hecho un calor infernal… Creo que podría creerme lo que me dijeras. He visto ya tantas cosas a las que nunca había dado crédito, que si ahora viera un unicornio amamantando a una sirena, me parecería lo más normal del mundo.

-Me encantan esos animales.

<<Pero no; pero lo que tengo que decirte es más complicado. Has dormido dos horas, pero el tiempo no ha pasado; se ha detenido después de la tormenta. He tenido que sacarte del museo porque en breve se activará de nuevo.

-¿¡Cómo que se ha detenido el tiempo ?! ¿¡Quién lo ha detenido?! ¿¡Por qué?!

-Será mejor que vayamos hacia el hospital, o llegarás tarde.

<<Lo detuve yo. Siempre lo hago cuando muere alguien y mi hermano y yo nos disputamos su alma. A veces no hay problemas; él se queda con los dictadores sanguinarios, los políticos corruptos, los curas pederastas y gente de esa calaña; y yo me quedo con el resto. Pero cuando no hay acuerdo para el tiempo para que nadie sea testigo de nuestra lucha y nos enfrentamos a lo largo del universo. Esta vez, no obstante, quería que vieras el combate, a pesar de que para ello tuvieras que pasar por tan duro trance, para que así comprendieras un poco mejor este mundo.

-¡Pues menudo broma! ¡Estaba segura de que no lo contaba!

-Lo siento, pero no tenía elección. Te explicaré todo lo que pueda, todo lo que debas saber. Por el momento, te diré que Iván ha muerto; suya era el alma que nos disputábamos.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

09-09-2018.

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