UNA NUEVA ETAPA (CCXXXII)

-Pero, si aquello fue un sueño,  ¿realmente te vi?

-Ya sabes que la frontera entre los real y lo fantástico es muy fina. Estabas inconsciente; pero la inconsciencia es sincera; ahí está nuestro verdadero yo. Todos los deseos, todos los sentimientos, todos los impulsos que reprimimos porque nos han inculcado que están mal, salen a la luz. En el sueño se rompen todas las ataduras; nadie nos vigila; e incluso nosotros dejamos de ser nuestro propio gendarme.

<<Es asombrosa la capacidad crítica que siempre has tenido, aún siendo niña, cómo te rebelabas contra aquel adoctrinamiento y lo cuestionabas todo. Te observaba con verdadero interés y me maravillaba. Romperle la pierna al niño fue un acto supremo de libertad; te sublevaste abiertamente contra la doctrina imperante; ¡y con sólo diez años!

-Pero, ¿y qué hay de esas experiencias? Si hice un pacto contigo, las tuve, supongo.

-Sí; claro que las tuviste. De hecho, si recuerdas, despertaste agotada, como si no hubieras dormido. Durante aquellas horas tu cuerpo estuvo muerto; si alguien de tu familia hubiera tratado de despertarte, se habría llevado un gran disgusto. Tu alma estuvo ausente; tuviste una especie de vida virtual. Es decir: viviste sin ser enteramente tú. Fue una especie de ensayo de lo que habrá después.

-¿Después de qué?

-Cuando tu cuerpo fallezca.

-Suena un poco tétrico. Descorazonador.

-A mí no me digas; yo no hice las reglas.

-¿Y quién las hizo?

-Ésa es la gran pregunta. Ni mi hermano ni yo hemos podido hallar la respuesta; sólo sabemos que estamos aquí desde el origen de los tiempos y que nos regimos por odios irreconciliables.

-Interesante -dije, bajando la mirada al suelo, pensativa, tratando de entender el sinsentido de todo aquello.-. ¿Así que ahora mi alma te pertenece -resolví, a modo de conclusión, después de unos segundos, desalentada por sus palabras.-.

-No.

<<Eras una niña muy madura, capaz de tomar decisiones mucho más sensatas que muchos adultos; pero no iba a robarte el alma. Habría sido una canallada; y yo no soy así. Te hice firmar un contrato sólo por probar hasta qué punto llegaba tu determinación; lo sólida que era tu voluntad. Pero aquel mismo día, cuando nos separamos, lo rompí. Era lo justo. Sólo eras una niña; y, además, aunque en el sueño hable nuestro verdadero yo, no podemos tomar decisiones que nos comprometan. Y, por si fuera poco, tu actitud resuelta me conmovió. La prueba de que recobraste la propiedad de tu alma es que, cuando supiste mi verdadera identidad, no te dejaste intimidar; por contra, estuviste distante; a veces, violenta.

Creo que me regresó el color a la cara cuando oí aquello. Estaba hecha un mar de dudas; dudas que nunca podría aclarar. Lo único bueno era pensar que continuaba siendo dueña de mi alma. En cuanto aa lo demás de aquel discurso, mi personalidad, tan fuerte desde la misma infancia, parecía haberme acreditado a los ojos de Luis. Me sentía halagada, orgullosa… Él siempre había estado ahí.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

14-09-2018.

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