UNA NUEVA ETAPA (CCXLVIII)

CUADERNO DE GABRIEL

LA GRAN BATALLA (VII)

-Según nuestros cálculos, nos enfrentamos a un ejército que podría oscilar entre los cinco y los siete millones, ligeramente superior a nuestras fuerzas. Realizan muchas escaramuzas; atacan en grupos dispersos, a modo de guerrillas, y desaparecen. Sus movimientos ya nos han ocasionado innumerables bajas; algunas, de bravos guerreros. Y está el daño psicológico, el desasosiego que provoca no saber en qué momento puede caer sobre nosotros una lluvia de metralla; cuándo va a ser nuestro último día. La tropa está desmoralizada; y eso se traduce en unos resultados nefastos.

-Esto no lo veo mal.

-Al capitolio aún no han llegado; antes tratarán de reducir el resto del reino, para ver si la población nos presiona para dejar las armas. Hemos apostado gente en la frontera, pero es inútil. Todos los días hay reemplazos, por la sencilla razón de que todos los días hay bajas. Antes te dije que nuestro ejército era sensiblemente inferior, pero después de los últimos ataques tengo serias dudas de que siga siendo así; me temo que la brecha se haya agigantado.

-¿Y siempre ocurre igual? Quiero decir: ¿nosotros estamos a la defensiva y repelemos sus ataques?

-Antes el enfrentamiento era más parejo; incluso nos encontramos en una posición muy ventajosa. Pero entonces se produjo aquel ataque por sorpresa, cuando estuvimos incomunicados contigo por varios meses. Destruyeron nuestras baterías y mataron cien guerrilleros. Nuestros ingenieros aún trabajan para reparar los daños sufridos y fabricar nuevos medios, tanto ofensivos como defensivos.

-Entiendo. Por lo que me cuentas, aquel día fue clave en nuestra suerte.

<<Mañana me gustaría visitar el departamento donde se están llevando a cabo las operaciones. Es necesario agilizar las maniobras. Y no veo conveniente mantener tanta fuerza en el capitolio; estaría mejor dispersada por el terreno, al menos mientras nos rehacemos, hasta que podamos dirigir nosotros los ataques. De otro modo, nuestras fuerzas son débiles; es como si estuvieran muertas. ¿Tres millones para vigilar el capitolio? Te sentirás muy seguro, sin duda; pero, ¿y qué hay del resto? Por otra parte, aún desde un punto de vista egoísta te conviene ser cuidadoso, si no quieres que se organice un motín por ser un déspota. Además, si el resto del pueblo cae, ¿no crees que también lo harás tú?

Se sentía humillado por las palabras de su subordinada, más bien insultantes; pero no podía replicar nada. ¿De verdad era él el jefe de la operación? Había obviado cosas muy evidentes. Y ella, que apenas había llegado y sentía todo aquel agotamiento en su cuerpo, le hablaba con aquella seguridad y sensatez.

-Cuando acabe con los ingenieros me daré una vuelta por el terreno. Ten preparados diez hombres para primera hora; me acompañarán y haremos una pequeña salida. AUnque no nos quedara otra opción que hacerla a pie, tenemos que apresurarnos.

-Veo que tienes las ideas claras.

-Lo intento.

<<Espero que podáis proporcionarme flechas nuevas; ya apenas me quedan; y creo que mañana necesitaré unas cuantas.

-En tu habitación tienes dispuesto todo; ahí podrás abastecerte de un equipo completo.

-De acuerdo. Eso era todo lo que me hacía falta saber. Recuerda que necesito esos hombres a primera hora.

 

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

17-10-2018.

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