UNA NUEVA ETAPA (CCLXI)

No voy a detenerme en relatar lo que fueron aquellos cinco años de carrera; es algo que podría rozar el fastidio, o incluso superarlo. Todos sabemos cómo son las relaciones de pareja, con buenos momentos y otros más complicados; con veladas románticas, salidas al cine y noches con los amigos; con esos instantes cómplices cargados de besos, de caricias y de mucho sexo. No me cabe duda que durante aquellos años Gabi recuperó el tiempo perdido; y para mí fue un placer echarle una mano para que lo consiguiera.
Tampoco quiero detenerme en otros sucesos de poca o nula importancia; prefiero pasar por encima de ellos de puntillas. Para resumir y no ser cansina, diré que Irene y Selena terminaron sin ningún problema sus carreras, como era de esperar. La primera abrió una consulta privada con ayuda de sus padres, que le proporcionaron el dinero para el alquiler del local; mientras que su pareja, tan risueña como siempre, trabajaba para una gran empresa multinacional.
En cuanto a los demás, Juan se mudó con su excéntrica mujer a una ciudad de provincias y abrieron una verdulería. Javier se convirtió en un prestigioso criminalista, como todos auguramos desde el principio, a pesar de sus ideas un tanto idealistas y soñadoras, que podían hacerle perder el rumbo en un mundo tan diferente del que nos contaba que veían sus ojos. Algo ocultaba ese chico; demostró ser más avispado y emprendedor de lo que todos pensábamos; y un buen día nos anunció que se marchaba a La Haya. Si la noticia nos pilló desprevenidos a todos, a Rebeca la dejó en estado de shock. La pobre no sabía nada; eran pareja desde primero de carrera, y Javi no le había contado nada. Ahí, delante de todos, tuvo lugar una escena patética, que prefiero no describir. Sólo diré que aquello fue el final de la relación.
Rebeca tardó unos meses en superarlo; Gabi y yo la invitábamos a salir con nosotros para que se animara y conociera a alguien; pero era difícil. Después de aquel fracaso, prefería pasar un tiempo sola y centrarse en su futuro laboral, que era lo que más le inquietaba. Y, si no hubiera sido por las veces que la secuestramos, no sé cómo hubiera terminado. Estaba obsesionada con aquellas oposiciones; para ella eran un reto, un motivo de orgullo
Se me hace un tanto increíble pensar que lo de Javi influyera tanto en aquella actitud tan tenaz, tan constante; aunque, pensándolo bien, tal vez sea entendible. En épocas de agudas crisis también yo he tomado resoluciones que en otras circunstancias ni habría considerado, como más adelante comentaré.
En cualquier caso, volviendo a Rebeca, estudiaba a conciencia; su vida parecía orientada a conseguir aquella plaza. Estaba tan centrada en su objetivo, que llegó a perder mucho peso; y nos preocupamos. Pero lo tenía todo bajo control, siempre con nuestra ayuda. Caminaba al borde del abismo; dormía poco, repetía de manera sistemática aquellas infernales leyes…
El día del examen salió blanca y descorazonada; pensaba que tendría que volver a pasar aquella dura prueba. Pero sacó la plaza. Cuando lo supo, dio un grito y lloró de alegría. Era jueza.
Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

07-11-2018.

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