UNA NUEVA ETAPA (CCLXII)

No. No puedo resumir lo que aconteció a lo largo de otros tres años de carrera en tan sólo una página; ello requeriría de una sistematización de la cual carezco. Una labor tal dejaría en el tintero muchos acontecimientos que tuvieron lugar durante aquel largo lapso de tiempo, y que acabaron repercutiendo en mi propia existencia.

Si anteriormente mencioné de manera sucinta la evolución de las personas que constituían mi entorno más cercano, ahora será preciso que tome un poco de distancia para comentar con calma lo que por aquellos años sucedió a nivel mundial; sin ello, no podría entenderse lo que ocurrió más adelante.

Primeramente, debo decir que en el plano internacional los ánimos se fueron encrespando a una velocidad vertiginosa. Narayan, instalado cómodamente en Kenya, había conseguido sacar de la extrema pobreza y salvar de la muerte a millones de personas, no sólo del propio país, sino de los Estados vecinos, que acudían en busca de refugio, huyendo de las guerras y del hambre. ONGs de todo el mundo, admiradas, le brindaban su apoyo; se habían abierto hospitales a lo largo de todo el territorio, aprovechando el clima de paz y de seguridad producido tras la llegada del filántropo. Las obras de infraestructuras habían cobrado nuevo vigor, y la economía habia empezado a repuntar, impulsada por un nuevo recurso que se había descubierto en el subsuelo; y el país, en definitiva, prosperaba por primera vez en su historia.

Pero la calma no es eterna. Narayan había conseguido algo que todos creían imposible; millones de personas le admiraban y estaban dispuestas a dar su vida por él. Parecía increíble que existiera alguien así. Y entonces surgieron las rencillas. No porque nadie sintiera celos de la popularidad que adquiría el buen samaritano; al fin y al cabo, él vivía en un país africano, alejado del resto del mundo; y uno no fija su atención en la popularidad, si tiene dinero con que comprar sus comodidades.

El gran problema fue que Kenya despegó; se desató los nudos que la tenían atada al yugo opresor de las grandes potencias; y quedó independiente, libre de las extorsiones del gran capital, capaz de autoabastecerse. Las poderosas multinacionales, frustradas, tuvieron que desalojar el país, tras comprobar cómo caía la compra de sus productos; y terminaron por desplomarse en la bolsa. Esto agitó a los gobiernos del primer mundo, indignados por el hijo díscolo, por la oveja que se descarriaba y podía hacer que se tambalearan sus economías; o incluso repuntar hasta convertirse en un rival. El orden global estaba en juego. Narayan, el gracioso filántropo objeto de burlas por parte de Occidente, se estaba convirtiendo cada vez más en un serio obstáculo, en una molestia.

Varios abogaban por atacar Kenya; invadirla con el objetivo exclusivo de matarlo para restablecer el status quo. Pero, ¿cómo hacerlo? Aquel hombre gozaba de una gran estima por todo el mundo. Desde luego, nunca faltaría algún pretexto, por absurdo e irreal que fuera; mas, a pesar de ello, el país que osara hacer tal cosa se enfrentaría a un gran desprestigio. Necesitaban deshacerse de él, pero ahora eran los gobiernos los que tenían las manos atadas.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

08-11-2018.

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