UNA NUEVA ETAPA (CCLXIII)

La crispación subía de tono como ya digo en todos los partidos del primer mundo los partidos totalitarios y xenófobos empezaron a efervescer como la espuma de la cerveza El ambiente turbio de aquellos días me hizo pensar en la que quizá fuera la época más oscura de mis tiempos una etapa que sólo conocía por mis años de secundaria cuando la estudié en el instituto con cierta desgana; pero también por documentales que vi más tarde ya en la universidad y que me hizo tragar Gabi y entonces me sentí horrorizada Nada mejor que una buena imagen para impactar y llegar al corazón de las personas; eso tiene la fuerza de que carece la imaginación
Aquella época terrible, aquella franja de treinta años que eclipsó el planeta entero iba camino de reproducirse sin que nadie pudiera evitarlo. Mi propio país se me estaba haciendo insoportable. Uno de mis vecinos, que vivía puerta con puerta con nuestra casa, era un ultraconserconservador, un reaccionario detestable a quien no soportábamos; cuando nos cruzábamos con él siempre nos saludaba con un gesto de arrogancia, como si nos estuviera perdonando la vida. Militaba en el MNE, un partido minoritario, que nunca había conseguido representación parlamentaria, tan ridículo como su propio nombre, Movimiento Nueva Esperanza. A sus ochenta años aquel vegestorio oxidado creía llegada su hora; y así lo esperábamos todos, aunque no en el mismo sentido.
De repente, una crisis de gobierno desembocó en un adelanto de los comicios; y entonces fue el pánico. Arreciaron los rumores de guerra; hacía falta un gobierno fuerte, una persona seria, con carácter, que tomara el mando. Por suerte, la opción del gobierno militar quedaba descartada; las otras naciones sólo necesitaban una excusa para iniciar la contienda; y un golpe de Estado habría motivado que ejércitos de todo el mundo comenzaran a darse hostias en mi tierra.
Pero, si no hubo un golpe militar, el MNE cobró un vigor con el que nunca había soñado; aquel anciano decrépito salió dando discursos con su voz cascada; la secretaria de organización y los demás miembros se multiplicaron y tomaron las calles con autobuses y grandes altavoces para pedir el voto por la salvación de la patria.
La táctica del miedo les salió bien. La gente es ignorante y muy manipulable; y en las peores circunstancias acaban votando por sus propios verdugos, como pasó en aquella ocasión. Desde aquel nefasto día no había televisión en que no apareciera la imagen aborrecible de nuestro vecino con su voz cascada. Ya no era suficiente con cruzarnos con él; ahora lo teníamos a todas horas con boletines informativos especiales. Era inútil intentar huir; su voz reaparecía en todas las emisoras de radio. Era un exhaustivo proceso de adoctrinamiento. Nadie había de tener duda de quién era el líder, no podía haber discrepancia alguna; los sindicatos y el resto de partidos políticos quedaron al momento ilegalizados; y el contenido accesible en la red, restringido. Ya no quedaba duda de que la maldita guerra que había asolado el mundo por treinta años se repetiría. La única duda era saber cuáles serían los bandos.
Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

09-11-2018.

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