UNA NUEVA ETAPA (CCLXIX)

-¡¿Qué!? ¡¿Eso es lo que pretendéis que hagamos!?

Exclamé con rabia. Estaba fuera de mí. No me importaba que fuera mi tutora. Sus palabras fueron la gota que hizo rebasar mi paciencia.
<<¡¿Por eso tanto secretismo!? ¡¿Por eso nos habéis traído hasta aquí a ciegas!? ¡¿Porque queréis que hagamos el trabajo sucio que todos esos gobernantes asquerosos desearían llevar a cabo, pero que no lo hacen por no ensuciarse las manos, y en su lugar envían a simples estudiantes de grado o de doctorado!? ¡Esto es insultante; completamente humillante! ¡¿Quieren matar a un filántropo que ha salvado la vida de millones de personas!? ¡Pues que vengan a hacerlo ellos mismos! ¡Y se nos prometen mil dricmas por cabeza! ¡Más otros mil al grupo que se lo cargue! ¡Sólo ahora caigo en que después de la guerra la moneda dejará de circular; su valor en la federación europea será demasiado bajo! ¡Y aún serían capaces de enviar a alguien a matarnos a los cuarenta estudiantes implicados para asegurarse de nuestro silencio!

-Cálmate, por favor; déjame hablar y comprenderás por qué hemos procedido así.

-¡¿Cómo quiere que me calme!? ¡Nos han traído hasta aquí engañados; y sólo con el objetivo de llevar a cabo un acto infame, por no usar otra palabra más dura!

Me hervía la sangre. La tensión que tenía, el arrebato que me embargaba, me tenía plenamente dominada. Tenía que hacer grandes esfuerzos por no abalanzarme sobre la irlandesa. Sólo cuando empezó a faltarme el aire callé.

-Sé que esto te parece horrible; y a todos os parecerá lo mismo, imagino. Pero es lo mejor que podemos hacer; es lo único que podemos hacer. En cuanto Narayan muera, el conflicto cesará; todos podremos volver a nuestras casas; y millones de vidas se salvarán. El dricma continuará en circulación si la guerra es breve y Alemania se reintegra a la gran alianza -dijo, al tiempo que lanzaba una mirada de desprecio a Hanna-. En cuanto a vuestra seguridad, no digas locuras; has visto demasiadas películas. Aquí no se va a matar a nadie más que al que ha originado este problema; vosotros recibiréis condecoraciones y se os facilitará una nueva identidad en otros países.

-En primer lugar: Narayan no es el culpable de este conflicto; él no ha llevado las tropas de todos los países a matarse; él sólo se ha guiado por un sentimiento hermoso y ha ayudado a una Nación que se moría de hambre por culpa de las trabas de las superpotencias y de los organismos internacionales. Y, en segundo lugar: lo dedarnos otras identidades para que vayamos a otros países es obligarnos a renunciar a nuestras vidas.

-Está bien. A ver si lo entiendes: no me importan los móviles que llevan a ese hombre a actuar así; el hecho es que su comportamiento nos afecta a miles de millones de personas.

-¡Pero él no ha hecho nada malo! ¡Lo que nos piden es injusto! ¡Háganlo ustedes, si tantas ganas tienen! ¡Yo no pienso tomar parte en un asesinato!

-¿De verdad? ¿Y cómo tendrás la conciencia sabiendo que millones de personas se están matando por culpa de tu inacción?

-¡De eso nada! ¡No pretenda coaccionarme! ¡Se están matando porque les da la gana; porque no tienen dos dedos de frente para dejar las armas o pegarles un tiro a sus jefes! ¡No intente tomarme el pelo! ¡Que sea más joven que usted no quiere decir que sea idiota!

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

20-11-2018.

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