UNA NUEVA ETAPA (CCLXXIII)

Hanna descansaba en el dormitorio, un tanto inquieta. Cuando llegué, me abordó al instante:

-¿Cómo te ha ido?

-Insiste en convertirnos en sicarios. Ha estado muy blanda; insiste en convencerme de buenas maneras; trata de pintarme el asesinato como la única alternativa posible; y, por supuesto, quiere que me sienta responsable y culpable de las posibles consecuencias.

-¿Y qué vas a hacer?

-Por el momento le he dicho que me lo pensaría. No podía pasarme toda la tarde discutiendo con ella; es como hablar con la pared. Ella, aparentemente muy comprensiva, se ha conformado con que le respondiera eso; pero, si le hubiera dicho que no, habría insistido. De todos modos, no podía hacer otra cosa. Vuelvo a tener migraña. Y lo peor es que no puedo estar siempre con ibuprofeno; tarde o temprano escaseará.

-Pero, Laura, ¿estás segura de lo que haces? Es una lucha perdida de antemano. Comprendo tus sentimientos, pero, ¿y el resto del equipo? Querrán cobrar esos mil dricmas. Y, por otra parte, si no lo hacemos nosotros, lo hará el otro equipo.

-Lo sé. Y no sólo eso. Meyer me ha dicho que todo el Magreb ha creado una unión afín a la Gran Coalición europea, y que se disponen a atacar Kenya.

-¡¿Qué!? ¡Laura, por favor! ¡Tienes que parar eso!

-Espera, Hanna, por favor. Ya tengo bastante con esa hija de puta; no necesito que tú también me presiones. Además, yo te he apoyado; a cambio sólo pido un poco de comprensión.

-Está bien; perdona. Me puse nerviosa. Pero es que la situación es crítica. ¿Cómo es posible que no estés preocupada tú también?

-Porque Meyer tampoco lo estaba. Debe de saber algo más que no me ha contado. A menos que esa alianza fuera una noticia falsa, para amedrentarme.

-¿Cuándo vas a volver?

-Mañana. Veré si puedo marearla o confundirla un poco -dije, mientras extraía de la mochila mi grabadora-. Nunca creí que acabaría dándole este uso. Siempre me fue muy útil en las clases para tomar apuntes; creí que me serviría para el proyecto. Pero, para espiar a una hija de puta sin escrúpulos… En la vida se me habría ocurrido.

-¡Laura! ¡¿Qué vas a hacer!? ¡Eso es una locura! ¡Esa grabadora no puedes llevarla! Todos hemos usado la grabadora para tomar apuntes, pero para lo que tú pretendes. ¡Si te pillan, te puedes meter en un buen lío!

-Lo sé. Y no va a ser fácil ocultarla; pero he de hacerlo. No puedo llevar el bolso; sería absurdo; y en los bolsillos de los pantalones no cabe.

-La única opción que se me ocurre es que uses el móvil.

-Ya; pero el móvil tiene menos capacidad; y no sé cuánto pueda durar la charla.

-Laura, por favor, es un riesgo muy grande el que corres.

-Ya; pero no me importa. Si al final asesinan a ese hombre, quiero que haya pruebas de quiénes son los auténticos responsables; que el mundo entero escuche de boca de esa hija de puta sus palabras.

-Bueno… Si insistes, creo que lo mejor que puedo hacer es intentar salvarte la vida, del mismo modo que tú quieres salvar la de Narayan. Tengo unos pantalones anchos; creo que podrías llevar la grabadora ahí sin levantar sospechas.

 

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

26-11-2018.

 

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