UNA NUEVA ETAPA (CCXCV)

-Fue tan dura la idea de perderte, que tu madre se desmayó tan pronto supo lo del ataque. Nos costó reanimarla; tu hermana llamó enseguida al médico. Cuando volvió en sí, se pasó un buen rato llorando, pero ya no volvió a caminar. Pasó una semana en cama. Tu hermana y yo nos reunamos frecuentemente con ella y nos turnábamos para pasar la noche a su lado; pero no hubo manera de hacer que la paz volviera a su alma. Veíamos con impotencia cómo se debilitaba día tras día; era incapaz de asimilar los alimentos; su organismo lo rechazaba todo. Y así, entre lágrimas, tu hermana y yo vimos cómo se apagaba su llama. Una mañana ya no despertó. La enterramos el viernes pasado. Al menos nos queda el consuelo de pensar que tuvo una muerte tranquila e indolora.

-¡Mierda – exclamé, retomando el llanto-! ¡Me fui a Kenya con un grupo de chicos de diversas nacionalidades; era un proyecto de investigación, supuestamente -dije, entre sollozos. Las palabras se agolpaban en mi interior, ansiosas por salir y contar a alguien lo que habíamos vivido. Mi mente era un hervidero-!

¡Mis padres y mi novio me apoyaron. Sabían lo que se venía encima; y me enviaron allá para protegerme! ¡Y ahora regreso y me entero de que mataron a mi padre y que mi madre murió de dolor por pensar que me habían asesinado! ¡Y, además, ¿sabe qué?! ¡Que no era un proyecto de investigación! ¡Y una mierda! ¡Nos llevaron engañados a todos! ¡Pretendían que hiciéramos el trabajo sucio que ansiaban llevar a cabo los gobernantes, pero que no se atrevían a realizar! ¿Sabe de qué se trataba? ¡Querían que matáramos a Narayan!

No dejaba de gritar, presa de la sobreexcitación. Me levanté y empecé a dar vueltas por la sala, clavándome los dedos en el pelo y sin dejar de llorar.

-Tú no estás bien, niñita; no sabes lo que dices. La muerte de tus padres te ha afectado mucho, pero has de superarla; eres joven y fuerte.

-¡Pues claro que me ha afectado! ¡Pero lo que le digo es la verdad! ¡No me lo estoy inventando!

¡Nos pagaron a dos grupos de veinte personas cada uno por hacer el viaje; y el grupo que matara al filántropo percibiría el doble de lo que en un principio se había estipulado! ¡Un grupo se llevaría mil dricmas por cabeza; el otro, dos mil! ¿A mí me designaron jefa de mi equipo, pero me negué a participar. Es más: intenté salvar a Narayan; pero, obviamente, no lo conseguí; y aún suerte que a mí no me mataron también! ¡Y aún más: como los alemanes ganaron la guerra, nadie ha visto un céntimo de lo que se nos prometió!

-Hija mía, por favor, siéntate. Has sufrido muchad emociones en muy poco tiempo; y todas muy fuertes. Te hace falta comer un poco y descansar. Mañana te encontrarás mejor.

Fue de nuevo a la cocina para prepararme algo de comida y coger más agua. Con todo lo que había llorado, estaba deshidratada. Era obvio que no me creía. Mi historia parecía una locura; pero es que todo lo que sucedía por aquellos días lo era. Hubiera querido tener mi grabadora a mano, pero no estaba con ánimos para deshacer la maleta y ponerme a buscar. Que la pobre anciana pensara de mí lo que quisiera. Ya nada me importaba.

Autor: Javier García Sánchez,

Desde las tinieblas de mi soledad.

09/01/2019.

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