UNA NUEVA ETAPA (CCXCIX)

-Bueno… Pero ya sabes que eso no es todo.

-Sí; lo sé.

Después de morir tu madre, tu hermana se marchó hacia la frontera; ya debe de haber salido del país. Tras la guerra no le quedaba nada; o eso piensa ella, porque te cree muerta. Es esa desesperación lo que le hace alejarse tanto, vagar sin un rumbo fijo.

-Pero, ¿no se ha salvado nada de nuestras pertenencias?

-Imposible. Tu madre y tu hermana salieron de casa con las maletas; no pudieron cargar con todo el mobiliario. Si quisiéramos encontrar recuerdos, tendríamos que apartar todos los escombros; y no hallaríamos más que restos repletos de polvo y tierra.

Todo perdido. No me quedarían en adelante más recuerdos que aquéllos que pudiera conservar en mi memoria. Y, en cuanto a mi hermana, no sabía cómo llegar hasta ella. Me quedaba el consuelo de saber que estaba viva; pero por dentro se sentía muerta; tan muerta como lo estábamos todos.

-¿Y qué hay de Gabi -pregunté no sin cierta angustia. Durante el viaje nunca lo había olvidado, a pesar de toda la tensión. Cuando, tras el asesinato de Narayan, con la cabeza a punto de estallar, me enrollé con Hanna, fue una excepción; mi cerebro había cedido y me había embarcado en aquella aventura de lujuria; pasé un mes de sexo salvaje; una gran aventura de la cual, pese a mi infidelidad, no me arrepiento. Las circunstancias fueron determinantes; mi cuerpo lo necesitaba.-.

Con todo, ahora ya de vuelta en mi tierra, con mi mundo resquebrajado y perdido para siempre, resurgía la figura de Gabi. Volvía a la realidad; a aquel hombre que de verdad me amaba y a quien tanto quería; y del cual no sabía nada. Con las comunicaciones cortadas, a mi mente acudían los peores presentimientos.

-Por lo que a Gabi se refiere, puedes estar tranquila. Está en la capital, en casa de Raquel.

-¡Podrías haber empezado por ahí! ¡¿Por qué no me lo dijiste antes!?

-Sé cuánto te importa; por eso lo dejé para el final, para dejarte un buen sabor de boca. Si te lo hubiera dicho al principio y luego te hubiera contado lo otro, te habría dejado mal.

Era una lógica un tanto extraña. No sabía cómo reaccionar. Por una parte, me sentía furiosa y hundida porque no hubiera salvado a mia padres; por otra, sin embargo, no podía olvidar que la razón era vigilarme a mí; cuidar que nada me ocurriera en el infierno keniata.

-Por una vez ese tumor que tanto le ha traumado le ayudó; le sirvió de salvoconducto para eludir el reclutamiento; y el Estado Mayor tuvo el suficiente sentido común para no exigirle nada. De esa manera se salvó del matadero. Y los alemanes tampoco han podido pedirle cuentas; su nombre no figuraba en ningún archivo; y tenía, además, un justificante que le eximía del servicio.

-Gracias. Creo que es la mejor noticia que me has dado.

No sé si le avergonzó verse con aquel certificado en las manos; pero es gracias a él que está con vida. Espero que a partir de ahora valore un poco más su existencia.

En cualquier caso, me deja atónita tu actitud. ¿Cómo puedes ser tan frío? ¿No sientes nada al comunicarme estas noticias? Has conocido a Irene y a Selena. ¿Cómo puecdes comunicarme su muerte sin derramar una sola lágrima? ¿Sin titubear, siquiera?

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

16-01-2019.

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