UNA NUEVA ETAPA (CCC)

-¿Y qué quieres? ¿Que me aflija? Llevo demasiado tiempo por el mundo como para que la muerte me afecte. Ya te mencioné los enfrentamientos que tuve con mi hermano hace millones de años, incluso antes de que existiera la Tierra; es decir, el planeta que actualmente habitamos. Te dije lo despiadado que es; y lo mal que me hacía pasarlo al ver la saña con la que aniquilaba especies enteras en cuestión de minutos. ¿Crees que no he derramado lágrimas? Lo que ocurre es que, cuando has visto perecer millones y millones de seres; cuando has observado una vez tras otra esas expresiones de terror y de impotencia; cuando te has estremecido con ellos al escuchar sus gritos de angustia… Entonces te acabas familiarizando con la muerte; se convierte en algo cotidiano. Claro que puedo empatizar contigo y darme cuenta de cómo te sientes; y puedo darte todo el apoyo de que sea capaz. Pero no me pidas que llore más, porque es mucho el pesar que he soportado a lo largo de mi existencia.

Aquello lo explicaba todo.

No era que Luis estuviera muerto por dentro, sino que yo había obviado algo muy simple, como era la diferencia entre su naturaleza y la mía. Él había tenido tiempo sobrado de experimentar lo que yo estaba viviendo por vez primera.

Pasaron las horas y se alternaron los parroquianos del bar. El tipo de cliente cambió en unas horas. Ya no eran aquellos consumidores discretos que se conformaban con media docena de cervezas, que consumían al tiempo que se enrojecían sus mejillas y comenzaban a esbozar sonrisas de idiotas. Ahora eran clientes que acudían a la comida. Tampoco faltaba el alcohol, pero sí que se reducía increíblemente el número. Una única familia, compuesta por el matrimonio y un niño de cochecito, se sentó a la entrada, en el extremo opuesto a donde estábamos. El ambiente se hacía así más solitario, pero también lo encontré más agradable.

-Entiendo.

-¿Y qué vas a hacer?

-Marcharme a la capital y reunirme con Gabi y con Raquel. Después de eso, no tengo ni idea. Ya no me queda nada; ni ilusión, siquiera. Puedo estar con Gabi, por supuesto; pero ya nada será como antes. Y más vale que me ponga a estudiar alemán.

-Ellos ya lo están haciendo; os va a hacer falta.

Creo que será mejor que te acompañe. Después de las experiencias que has tenido, ir sola no me parece una buena idea. Además, ¿con qué dinero harías el viaje?

-Tienes razón. Además, me has liberado de una situación atroz; sería muy injusta si ahora rechazara tu ayuda.

-Ahora queda saber cuánto durará la actual situación. No sabría decirte cuál es el lugar menos inseguro, ni cuándo se iniciarán de nuevo las hostilidades, ni cuál será el detonante; pero no puede tardar demasiado en volver a estallar la pólvora. Será cosa de unos pocos años.

Luis me llevó a casa de un sargento alemán, amigo suyo. Sus padres, como era de esperar, también habían muerto; y su casa, de las más ricas del pueblo, había sido igualmente destruida. Pero él, como no podía ser de otra manera, había sabido ganarse la confianza de personas influyentes.

Aquella tarde me hospedé en esa casa; y ahí tomaría mi primera ducha desde el regreso a mi tierra. Los responsables directos de mi ruina eran los que me daban cobijo.

Autor: Javier García Sánchez,

Desde las tinieblas de mi soledad.

19/01/2019.

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