UNA NUEVA ETAPA (CCCII)

CUADERNO DE GABRIEL

LA GRAN BATALLA (XX)

CUADERNO DE GABRIEL

LA GRAN BATALLA (XXI)

-¿Y qué crees que conseguirás cuando me elimines? Habrás satisfecho tu sed de venganza; habrás quizá aplacado tu furia interior; matarás a la fiera que te carcome por dentro desde niña. ¿Y algo más? Tu pueblo, como el pueblo de Erthos y todos los demás que habitan el orbe, están llamados a caer subyugados por el poder de los yemenis; incluso la propia Astracán, como estaba en mi poder hasta hace apenas unos minutos, volverá a caer; pues, dime: ¿Cómo podríais evitarlo? Somos con mucho la raza más poderosa; nos basta un solo rayo de luz para acabar con uno de vosotros; y, cuanta más sea la energía más devastadores serán los efectos de nuestras acometidas. Deberíais dar gracias si se os conserva la vida y se os trata casi en pie de igualdad con los yemenis; podríamos mataros a todos. Porque, dime, niña: ¿Qué podéis hacer para frenarnos? La simple lucha os destruye.

Mátame, puesto que no puedo evitarlo; pero no gobernarás esta tierra por más que el tiempo que tarden en lanzar una expedición de reconquista.

El gesto desafiante del anciano tenía a todos desconcertados. Ariadna, sin embargo, le respondía con una mirada altiva, de hondo desprecio; correspondía a su arrogancia con una actitud similar. Por otra parte, criada en medio de las adversidades, su corazón se había endurecido. No tenía en él espacio para el miedo; era fría y meticulosa; no le importaba si se encontraba frente a un consumado asesino. Y, además, no pensaba darle el placer de verla inquieta.

-No he venido acá para gobernar Astracán; sólo he venido para conquistar Erthos. Pero, claro: eso lo hacía a tus órdenes. Una vez muerto, mi cometido acá desaparece. De modo que sencillamente me marcharé y dejaré que los dos planetas se maten el uno al otro; ése no es mi problema.

Dices que es cuestión de tiempo que los yemenis dominéis el mundo; que sois la raza más poderosa. Bueno… Permíteme que lo dude. Con todo tu poder, llevabas diez años en guerra con Erthos; de manera que no sois tan poderosos como dices. La luz es vuestro punto fuerte; pero, de igual modo, la oscuridad y el frío os hacen muy vulnerables; tanto, que sin las demás razas pereceríais.

No, Albus. Sois todos unos asesinos; pero no conseguiréis dominar el mundo. Para enfrentarse uno a vosotros sólo ha de encontrar el momento preciso. Porque ahora, en medio de la madrugada y sin tu preciado sol, dime: ¿qué eres? Del mismo modo que a ti, a todos los tuyos se les pasaría a cuchillo, hasta que no quedara ninguno de vuestra especie.

-¿Y eres tú quien me llama asesino? ¿No es irónico? Hablas de pasar a cuchillo a todos los de mi especie. ¿Tanto me odias? ¿De verdad? Entonces, ¿por qué te has convertido en aquello de lo que tanto abominas?

En el rostro del anciano persistía una mueca de triunfo.

Su imperio caería; su luz se apagaría para siempre. Pero se llevaría consigo aquella valiosa victoria; aquella honda herida que había dejado en el alma de la ardiente guerrera.

Autor: Javier García Sánchez,

Desde las tinieblas de mi soledad.

22/01/2019.

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