UNA NUEVA ETAPA (CCCVI)

CUADERNO DE GABRIEL

LA GRAN BATALLA (XXV)

-No empieces con sentimentalismos, por favor; es algo que detesto. Y en un guerrero no es una cualidad aconsejable; ni deseable. Como yo, deberías saber que todo es fugaz; que ni la propia vida nos pertenece; y es por ello que tenemos que estar preparados para perderla en cualquier instante. No es bueno tener apegos, puesto que nada es eterno; y, por muy seguros que nos sintamos de nosotros mismos, de cuanto pensamos; por muy cómodos que nos encontremos, en un segundo puede cambiar nuestra suerte.

El destino es caprichoso y volátil; la muerte acecha tras cada esquina. Cuánto va a durar nuestra existencia, es algo a lo que no podemos dar respuesta; estamos indefensos ante el arbitrio de las parcas.

Si hubiera bajado la guardia ante el pérfido Albus, habría sido mi alma la que habría cruzado las aguas del Leto, y no la suya; y, después de la mía, habrían seguido las vuestras. Si cuidar de la vida de uno es difícil, tener que soportar la muerte y el dolor por la marcha de otro es algo que sólo agrava el sufrimiento; y, por supuesto, cuantas más sean las personas por las que se siente ese aprecio, mayor será la angustia cuando desaparezcan.

-Pero lo que dices también es desesperante. Para evitar el sufrimiento derivado de la pérdida de seres queridos, el único remedio, a tu juicio, es la soledad. ¿No es algo peor que la muerte? Con la muerte desaparece la conciencia; pero lo que mencionas es una muerte en vida.

-Es posible. Pero, a decir verdad, ¿no estamos solos en el mundo? Nacemos y morimos solos; cada uno es dueño de su cuerpo; nadie padece las enfermedades de otro, por ejemplo.

Mi vida puede que sea hermana de la muerte, pero eso ya no puede cambiar. Regresaré a mi tierra y haré servicios como el que aquí se me había encomendado; y, si se me presenta la oportunidad, la limpiaré de yemenis, como me sugeriste; aunque lo veo complicado. En cualquier caso, sería un proyecto a largo plazo. No puedo combatir contra todos.

-Entiendo.

Tenemos diferentes formas de ver la vida, pero comprendo tu punto de vista.

Ahora, por último, ¿puedo hacer algo por ti?

-Necesito una nave.

-Con una nave no podrás llegar a tu planeta; el combustible no sería suficiente; y menos después de un trayecto tan largo como el que separa Astracán de Erthos. Mi consejo es que regreses con nosotros. En nuestra tierra te proporcionaremos un medio de transporte adecuado.

El dirigente de Erthos se adelantó y se unió a ellos.

-Por nuestra parte, estamos de acuerdo en firmar el armisticio. Después de más de diez años, ambas potencias necesitamos un descanso. Os emplazo a que en el lapso de una semana regreséis para firmar el tratado. Es mejor que cada una de las partes olvide las supuestas razones que ocasionaron el conflicto y que restablezcamos relaciones diplomáticas.

Los integrantes de la flota de Astracán volvieron a sus naves después de aquel acuerdo tácito, a la espera de la formalización del tratado. Ariadna y el joven, junto a los miembros de su equipo, se agruparon en otro vehículo; pues su nave, dañada, permanecería en Erthos hasta su regreso.

Autor: Javier García Sánchez,

Desde las tinieblas de mi soledad.

26/01/2019.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s