UNA NUEVA ETAPA (CCCVIII)

CUADERNO DE GABRIEL

LA GRAN BATALLA (XXVII)

-¿Y qué hay del medio de transporte que me prometiste?

-No lo dirás en serio. Si tratas de salir del planeta, te matarán.

-Luego, ¿los rumores son ciertos?

-¿Qué duda cabe? Esto va a estallar de un momento a otro. Los presidentes de los siete Continentes han presentado sus candidaturas; tratan de atraerse a los militares de las demás regiones, impulsar traiciones para ver si se sublevan y asesinan a sus líderes. Ahí es donde empieza el primer juego, un juego de lealtades.

-¿Y qué hay de ti? ¿Con quién estás?

-Aún no he tomado partido por nadie.

-Entonces, no tienes claro mantener la fidelidad a tu presidente.

-Tampoco tú se la tuviste a Albus.

-No tiene nada que ver. Yo no soy de este planeta; no le debía ninguna fidelidad; no era mi presidente. Y, por si fuera poco, yo tenía un motivo personal de gran peso para hacer lo que hice.

-Bueno, pero yo también tengo mis principios; no voy a seguir al presidente de Neustrasia sólo porque me destinaran a su compañía.

-Pero hay otra diferencia: a Albus todos lo detestaban; por eso sabía que no me pasaría nada si lo aniquilaba. A ti, en cambio, te perseguirán.

-Sí; ése es un asunto importante. Y es por ello que no podría rebelarme solo; necesitaría la seguridad de contar con unos cuantos millones para sofocar a los que le fueran fieles.

-Ya veo… ¿Y cuánto se puede demorar todo esto? Un conflicto largo os puede provocar problemas muy serios; lo sabes, ¿verdad? Por otra parte, has de tomar una decisión muy importante.

-Ya. Si los dirigentes no fueran tan ambiciosos, resolverían el asunto de la sucesión de una manera pacífica; pero, con una guerra civil y escala planetaria, el conflicto supondría hambruna, miseria, muertes… Y quién sabe lo que haga Erthos. Podría prolongarse años; una década, tal vez.

-¡Una década! ¡¿Y pretendes que me quede encerrada en esta tierra durante todo ese tiempo!?

-A mí no me digas; no depende de mí. Claro que, si quisieras, podrías participar. Eres guerrera; no puedes salir del planeta; y si tomas las armas ayudarás a que todo termine antes.

-¿Me estás pidiendo que te ayude a matar al gobernador de Neustrasia?

-No; no te adelantes. Desde luego, me encantaría tenerte de mi parte; pero aún no he decidido qué partido tomar.

-Lo sabías, ¿verdad? Cuando estábamos en Erthos ya sabías que pasaría todo esto; que me quedaría atrapada en Astracán y que no tendría otro remedio que tomar partido en la guerra.

-Ariadna, eres una chica muy inteligente; pero no creas que eres la única que hace planes. Tú tienes tus intereses; yo, los míos. No es nada personal.

-Bueno… Pero explícame aún otra cosa: ¿cómo sabes que no voy a rebelarme contra ti? Fuiste mi subordinado, llegué a cogerte aprecio; pero eso no significa nada. Y menos después de lo que me has contado.

-¿Qué te he contado? ¿He hecho algo malo, acaso? Ni tan sólo te he mentido. Puedo haberte ocultado lo que pasaría; pero eso no es mentir. Y tú misma dijiste que te sentías mucho más identificada con Astracán que con Erthos. Ahora puedes demostrar tu fuerza y tu astucia; te pagaré muy bien los servicios. Y luego, cuando todo acabe, te marcharás. Sólo será un negocio más.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad.

31-01-2019.

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