LAS ARGUCIAS DEL IMPERIO (XIII)

Junto a esto, otra cuestión relevante, que se puede deducir del punto anterior, es que España gobernó sus colonias de una manera directa, sin intermediarios, a través del sistema de virreyes. La consecuencia de esto sería que, cuando nacieron las repúblicas, no tenían experiencia de autogobierno; la única experiencia -muy breve- se dio durante la Guerra de independencia de España contra Napoleón, cuando se promulgó la Constitución de 1812, que daba derecho de ciudadanía no sólo a los rtesidentes en España, sino también a quienes habitaban en las colonias; y ello, a través del sistema de Juntas.

Por tanto, cuando América Latina se independizó, no vio -a diferencia de las trece colonias- más que su libertad; no estaban acostumbradas a la vida política. Esto, unido a las discrepancias entre los caciques, cada uno de los cuales tenía sus propias ambiciones, alimentadas por el Reino Unido y por Estados Unidos para dividir e impedir que surgiera una potencia fuerte, terminó echando por tierra el gran sueño de Bolívar.

Y aún un último punto: tras la independencia de las trece colonias, los padres fundadores acordaron pagar la deuda externa, para convertirse en un socio fiable y atraer inmigrantes de todas partes del mundo, algo que no hicieron las repúblicas latinas.

Ahora un poco de historia, para comprender mejor a estos dos bloques:

En el siglo XVIII las dos grandes potencias eran Francia e Inglaterra. España continuaba teniendo su imperio, mas era un país pobre; había salido derrotada de la Guerra de Sucesión, que le conllevó la pérdida de Gibraltar y de Menorca a manos de los ingleses -aunque recuperaría esta isla años más tarde-; y en la Guerra de los Treinta años se independizaron los Países Bajos.

Así las cosas, Inglaterra y Francia pugnaban por repartirse el orbe. Uno de los escenarios fue Norteamérica, donde ambas Naciones tenían asentamientos; fue la Guerra de los siete años (1756-1763), donde Francia perdió el Canadá. Pero los dos imperios salieron muy desgastados de una contienda tan larga, la cual tendría consecuencias duras para ambos, debido al enorme costo económico.

En el caso de Inglaterra, la falta de divisas la llevó a gravar a las trece colonias con nuevos impuestos. No eran éstos especialmente elevados, mas las colonias los vieron como una afrenta; ellas no habían tomado parte en la Guerra del Canadá; no tenían el porqué de contribuir más de lo que ya lo hacían. Además, entre los colonos había resentimiento porque el Canadá no se había incorporado a sus tierras.

Los disturbios se iniciaron con el Boston tea Party, cuando en esta ciudad se arrojaron al mar cargamentos de té que debían ir a la metrópolis. Las trece colonias entablaron negociaciones con gobiernos de diferentes países, para conseguir su apoyo; Francia, ansiosa por el desquite tras su reciente derrota, y España, ligada a su vecina por los Pactos de Familia y deseando recuperar Gibraltar -un sueño que algunos ingenuos aún albergan- llevaron sus hombres y consiguieron recuperar Florida para la España de Carlos IV, perdida poco antes durante la Guerra de los siete años, donde España había colaborado, a raíz de otro Pacto de Familia; aunque pronto la absorverían los nacientes Estados Unidos.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad.

18-02.2019.

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