LAS ARGUCIAS DEL IMPERIO (XIV)

Francia, por su parte, sufriría consecuencias igualmente dramáticas, y también muy trascendentes para el mundo:

La burguesía, la clase emergente, que hasta entonces se había visto privada de derechos políticos, alzó la voz para hacerse hueco; movilizó a las masas; y el resultado fue la Revolución Francesa, que culminaría en el 18 Brumario y el alzamiento de Napoleón Buenaparte, que emprendió la conquista de Europa.

En 1808 las tropas napoleónicas llegaron a España con el pretexto de atravesarla para tomar Portugal; mas, ya en la Península Ibérica, se apoderaron del trono español. Carlos IV y su hijo, Fernando VII el indeseable, fueron apresados y enviados a París. El pueblo, furioso por la injerenciaa extranjera, se alzó en armas el 2 de mayo -movimiento dirigido por los capitanes Daoíz y Velarde, que murieron en aquel primer ataque. La represión subsiguiente sería inmortalizado por Goya en su obra Los fusilamientos del 2 de mayo-. Fue el principio de un conflicto que se alargaría durante cinco años.

Para resistir al gobierno de José Bonaparte, hermano del emperador, se organizó un gobierno paralelo, a través de Juntas, que representaban a las provincias, incluyendo los territorios americanos, cuyos habitantes, como ya se mencionó, fueron reconocidos como ciudadanos por la Constitución de 1812.

En 1813 José Bonaparte abandonó España y regresó Fernando VII, el rey legítimo, que había sido tan aclamado por el pueblo; y que, en agradecimiento, derogó la Constitución del 12 como se había hecho hasta la fecha: con un monarca absoluto. Su decisión incomodó mucho, tanto en España como en Ultramar, pues la Revolución había dado voz al pueblo; los ciudadanos se habían dado cuenta de su auténtica fuerza. Y el rey, además, les debía el trono. Que derogara la Constitución del 12 y les privara de los derechos recién conquistados les pareció una canallada.

El descontento cristalizó en un levantamiento militar en 1820, encabezado por Riego, que tuvo por objeto obligar al monarca a restablecer la Carta Magna. Sin embargo, el astuto rey tramó una nueva felonía: se puso en contacto con las demás casas que conformaban la Santa Alianza, encargada de mantener el status quo de Europa, para restablecer su poder absoluto. Como respuesta, en 1823 su pariente francés, Luis XVIII, envió un ejército de 100.000 hombres, Los Cien mil hijos de puta, que terminaron con la vida de Riego y restablecieron el absolutismo en España.

Pero, si la situación en la Península era fácil de controlar, no lo era tanto en América, a miles de kilómetros de distancia. Después de verse como ciudadanos, no iban a contentarse con perder sus derechos. Toda América se convirtió en un polvorín, aguijoneada por Inglaterra, que tras su independencia trató de invadir Argentina; no lo consiguió, pero se quedó con las Malvinas.

Así, la Guerra de los siete años desembocó en la independencia de las 13 colonias y en la Revolución Francesa; y, merced al imperio napoleónico y la invasión de España, la Constitución, que abrió los ojos a los latinoamericanos, que se sublevaron ante el autoritarismo de Fernando VII.

Tras ello, ya como regiones independientes, tendrían que definir las fronteras y el tipo de gobierno que tendrían, algo que les abocaría a nuevas guerras civiles.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad.

19-02-2019.

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