ANATOMÍA DE UN SUEÑO

Escrito presentado a la dinámica de Andrea Gastelum del grupo Lectores y artesanos literarios.

Dedicado a mi novia, Flora Ubaldo Alarcón.

Después de tan larga espera, después de tantas cómplices miradas, de tantas sonrisas lascivas compartidas desde la distancia, por fin nos hallábamos frente a frente, sin aún creerlo. Las lágrimas de emoción manaban por tus mejillas; tus ojos irradiaban una luz más brillante que la que en mis mediterráneas noches me deslumbraba; con mano trémula acariciabas cada contorno de mi cara, Yo, inmóvil, te observaba, aún incapaz de reaccionar. Veía tus oscuros y ondulados cabellos que te caían con gracia; ese rostro tierno y sensible que me enamoraba; esas mejillas bañadas que tanto codiciaba.

-Hazme tuya -me dijiste.

Tu voz, temblorosa, pero decidida, fue la orden que despertó mis sentidos; la embriagadora melodía que con su dulzura me sacó del hipnótico hechizo. Mis labios buscaron con avidez los tuyos; nos bebimos con un ansia desenfrenada, inflamados nuestros pechos, mientras las lágrimas huían como raudos y fugitivos ríos para perderse en el abismo.

Pronto nos dimos cuenta de que no era suficiente; que la pasión nos quemaba; que en nuestros cuerpos ardía el fuego. Te desabroché el vestido, y mi traviesa lengua buscó tus bellos senos; los recorrió puerilmente y lamió los pezones, estimulada por tus jadeos. Mis manos dibujaban lujuriosos versos en tu vientre; tú te estremecías con el más fino roce de la piel; gemías arrebatada, y yo te saboreaba lentamente.

Mi lengua se posó en tu ombligo, retozona, en el imparable descenso hacia tu más preciado secreto; pero entonces te di un descanso, y en fugaz ascenso volví a devorarte la boca y a comerte el cuello. Me miraste desorbitada, acaso implorándome silenciosa que continuara; que diera satisfacción plena a nuestros salvajes sentimientos.

Y así llegué a tu hermoso monte; a la escarpada colina que me anunciaba el final del viaje. Ahí estaba la anhelada cueva con el exquisito manantial; mi mágico brebaje; mi sagrado grial. Ahí sacié mi sed antes de penetrar en la tenebrosa gruta; antes de cabargar sobre tu cuerpo y bailar junto a tu cintura; antes de que una vez más se cruzaran nuestras miradas, justo cuando se apagó el incendio y brotó la radiante luz de nuestras almas. Entonces nos dormimos, saciados, apagados, abrazados.

Pero desperté, y a mi lado estaba el mismo vacío que todas las noches. Tu cuerpo no había sido mío, ni mis labios habían catado los tuyos, ni había sorbido tus fluidos, ni habíamos dormido abrazados. El destino aún se burlaba; aún tendría que esperar para gozarte, para que aportaras calor a mi solitario lecho; para dibujar sobre tu tostada piel todos esos versos que aún nadie ha escrito; para susurrarte al oído que por fin eres mía, que soy tu dueño; que somos libres para amarnos, para retozar el uno junto al otro, para extasiarnos.

Pero aún transcurrirá otro día; y otras jornadas se sucederán hasta que llegue el codiciado instante. No importa. Después de tantos años para encontrarte, esto sólo es un suspiro. Hasta que llegue ese sublime momento, vida mía, no desesperes; siempre nos quedarán los sueños.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

22-02-2019.

2 comentarios en “ANATOMÍA DE UN SUEÑO

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