UNA NUEVA ETAPA (CCCX)

CUADERNO DE GABRIEL

LA GRAN BATALLA (XXIX)

El viaje a Erthos se llevó a cabo con excesiva demora. Un mes tardó en arribar la escuadra de Astracán hasta las tierras del que poco antes fuera su gran enemigo. Cuando llegó, con todas las naves en formación, siguiendo el plan diseñado por Ariadna, fue recibida por el general en jefe y presidente del planeta. En representación de Astracán se había formado una comisión integrada por los líderes de las distintas repúblicas; el joven general ocupaba sólo un lugar secundario, diluido dentro de su división.

-Pensábamos que no ibais a venir; habéis tardado mucho -dijo, a modo de saludo, el militar de Erthos al mando. Observaba a su interlocutor con mirada aviesa; en su rostro se percibía el recelo, la sospecha, el deseo de querer averiguar hasta qué punto aquél era un grupo compacto; escrutar cuál era la situación de su rival.

-Perdonad -respondió un hombre entrado en años, con las sienes canas, que se destacó de entre el grupo comisionado-. Se nos ha hecho por completo imposible venir antes, debido a todos los actos protocolarios que hemos tenido que organizar después de nuestra última visita; y, a decir verdad; aún no hemos terminado; tan sólo hemos hecho una pausa, porque no queríamos descuidar nuestras obligaciones para con vosotros. Astracán es tierra de palabra; sabe premiar un favor y agasajar a sus vecinos. Además: en nuestra tierra la vida debe continuar; si los actos no se interrumpen, la gente pierde el hábito del trabajo y se vuelve ociosa. Y, como entenderéis, después de una guerra de más de diez años, los festejos por la paz han de estar a la altura de las circunstancias.

-Por supuesto. Es un motivo que nos llena de un inefable gozo a ambas potencias -dijo el militar de Erthos, al tiempo que esbozaba una sonrisa maliciosa.

Y, además, la pérdida de vuestro presidente también conllevará las debidas exequias.

-Así es.

Como ya pudisteis observar en nuestra anterior visita, no nos sentíamos especialmente a gusto con su presencia -el anciano meditaba cada palabra. No en vano había sido el elegido para mantener aquella charla. Por su edad y su experiencia, era el mejor preparado para mantener un duelo dialéctico; para sortear los comentarios que pretendieran sonsacarle información sin inmutarse, sin alterarse por las indiscreciones del otro. Aunque lenta, su palabra era grave y segura-. Sin embargo, no podemos obviar que durante medio siglo hemos sido gobernados por su mano de hierro; yo tenía diez años cuando llegó al trono; y bajo su mandato hemos evitado vuestra invasión. No me malinterpretéis. Aquellos tiempos bélicos ya quedaron atrás; y entre Astracán y Erthos ahora domina la más absoluta concordia; pero durante mucho tiempo no fue así.

-Tranquilo. Me hago cargo de que la situación ya no es la misma.

En cualquier caso, ahora que Albus ya no está, algún otro ostentará su trono. Astracán es una Nación grande y poderosa; necesita de un buen caudillo que la dirija. ¿Ya sabéis quién ocupará el lugar del venerable anciano?

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

25-02-2019.

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