UNA NUEVA ETAPA (CCCXVII)

CUADERNO DE GABRIEL

LA GRAN BATALLA (XXXVI)

-¿La has metido en esto?

-Es una gran guerrera; se dedica a esto desde niña. Si lucha con nosotros, nos ahorrará muchas muertes; y vos os aseguraréis la victoria y el dominio del resto de Continentes. Fue ella quien mató a Albus.

Ariadna, de pie, con el semblante adusto, la cara manchada de salpicaduras de sangre seca, con las ropas teñidas de un rojo mortecino y embadurnadas de tierra y polvo, asistía en silencio a aquella conversación; escuchaba atenta, estudiando cada palabra y cada gesto. A la espalda reposaba el carcaj, donde faltaba ya la fatal saeta; junto a su cintura, la espada ensangrentada. Frente a ella, Jalok, también con las huellas de la muerte en su indumentaria y con algunos rasguños, platicaba con un hombre sexagenario, fornido, con abundante cabello cano y voz recia, vestido con una túnica alba. Éste observaba alternativamente al soldado raso y a la muchacha; la veía como un arma de doble filo;como alguien que podía prestarle un gran servicio, pero que también podría arruinar sus planes. Aceptarla en sus filas era un riesgo, pero sabía que no tenía otro remedio; de lo contrario, podía tener por seguro que sería su enemiga.

-Ya habéis visto lo que ha hecho en un momento: ha derribado una nave de Ostranc y ha matado a treinta hombres en el cuerpo a cuerpo. Imaginaos lo que puede hacer en la guerra que se acaba de desatar.

-En verdad, lo que ha conseguido es admirable; en mis filas sería mucho más útil que tú.

-¡Por favor, señor! ¡Sois injusto conmigo! A lo largo de diez años os he servido fielmente; me he batido con habilidad y he hecho brillar vuestra causa. No en vano Albus me eligió para estar al mando del grupo que estaba al servicio de Ariadna. Lamento mucho el retraso de hoy, y asumo mi responsabilidad; fue un momento clave, y llegué tarde. Pero soy un soldado de gran valía; y, si a día de hoy no se me ha otorgado el ascenso, es por razones que desconozco; pero vos sabéis cuánto me lo merezco; y, pese a todo, os sigo sirviendo fiel y eficazmente.

-Está bien, Jalok; no te excites. Tengo que admitir que has desempeñado muy bien tu cargo; pero este ataque inesperado me ha afectado a los nervios.

-Comprendo. Algo así saca de sus casillas a cualquiera; toda la población vive una psicosis colectiva; y sospecho que todas las tropas tenemos mucho estrés. Pero, ¿podéis decirme qué ha pasado? Siyan es una gobernadora débil. ¿Cómo ha osado atacarnos? ¿Con qué pretexto?

-Con ninguno. Sólo contaba con el efecto sorpresa; esperaba una victoria rápida; asesinarme para eliminar un rival y asentarse en el cargo. Sólo después esgrimiría una excusa. Por burda que fuera, el pueblo de Ostranc la aceptaría; y los de los demás Continentes, seguramente también.

Lo que seguramente no esperaba, ha sido la respuesta que le hemos dado; y, menos aún, que la joven luchara a nuestro lado. Sus tropas creerán haber visto un fantasma.

Ahora que la expedición ha fracasado, estará muy nerviosa; se ha desatado la guerra y se ha demostrado su perfidia; temerá un atentado contra su vida de un momento a otro.

-Entonces, os conviene tomar la iniciativa.

-¿Para qué? Si intervenimos, nuestra respuesta será justa; pero es preferible que se desestabilice más la zona; que Siyan caiga y otro la suceda. Mientras tanto, me pondré en contacto con el resto de gobernadores.

Autor: Javier García Sánchez,

Desde las tinieblas de mi soledad.

11/03/2019.

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