CARTA A FERNANDO PESSOA

 

EJERCICIO DEL GRUPO LITERARIO LECTORES Y ARTESANOS LITERARIOS, DE ANDREA GASTELUM

Buenos días, querido Pessoa. Le ruego me disculpe; no estoy seguro de si el año pasado por estas mismas fechas tuve el atrevimiento de escribirle. Es muy probable que así fuera. Si así lo hice, y ahora lo vuelvo a elegir como destinatario de mis misivas que no esperan respuesta, es debido al notable impacto que produjo en mí su agudo verbo, punzante como una saeta.

¿Cómo espresarle lo que significó para mí la lectura de su magna obra? Temo que las palabras no alcancen a reflejar los sentimientos que en mí despertó. Nunca ocurre así. El lenguaje, sea oral o escrito, puede combinarse de forma que cree bellas composiciones; pero las emociones nunca se podrán plasmar. En cualquier caso, trataré de darle una pequeña muestra de lo que para mí significó usted:

Lo primero que leí, hace ya unos cuantos años, fue El libro del desasosiego. Llevaba tiempo buscándolo, sin poder hallarlo. El mismo título en sí ya me seducía; y referencias de otros lectores apoyaban mis sospechas. Unas sospechas que quedaron muy gratamente confirmadas cuando su libro cayó en mis manos.

Las ansias que tenía de leerlo y de volcarme en sus hondas reflexiones se debían a que yo era -siempre lo he sido, a decir verdad, incluso ahora, cuando la dicha se ha instalado en mi vida- un ser muy nostálgico, debido a los distintos avatares de mi existencia, que me han convertido en una persona muy sombría y taciturna. Fue por esto que su libro halló en mí un gran admirador; porque yo, a su vez, di con un fiel reflejo de mi espíritu atormentado. Y la lectura de su libro, la angustia que se desprende de sus palabras, ejerció en mí una función de catarsis sanadora; sentí que los dolores que habían azotado a su alma habían sido los mismos que habían hostilizado a la mía; que los pensamientos que su ágil pluma volcaba sobre el lienzo eran los mismos que la mía nunca se ha atrevido a esculpir, pero que siempre han estado ahí, tan vivos y tan sentidos como los suyos.

Años más tarde, también fruto de la casualidad, di con sus poemas, aquéllos que publicó mediante la astuta estrategia de los heterónimos. No sabría decir aquí qué fue lo que más me sedujo. Sus poemas, tan bellos como El libro del desasosiego, con idéntica temática, me encantaron; pero la idea de los heterónimos, crearse identidades alternativas, con sus propias biografías y características, lo convirtió a usted en coprotagonista de esas otras vidas; le permitió ser creador y vivir esas otras existencias.

He olvidado algunos nombres, por no decir casi todos; sólo recuerdo los de Alberto Caeiro y Bernardo Soares. En cualquier caso, no podría decir cuál me gusta más; pero, a fin de cuentas, usted es todos ellos.

Ignoro si esta carta llegará a su destino; y ni siquiera sé si, en tal caso, una persona tan circunspecta como usted le otorgará el menor valor; pero tuve la irremisible necesidad de escribirle estas modestas letras para agradecerle las suyas.

Con la esperanza de no haberle incomodado, me despido hasta otra ocasión y le envío un cordial saludo.

Muy afectuosamente:

Javier García Sánchez.

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Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

25-03-2019.

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