EL REENCUENTRO (VIII)

Ahora creo que será mejor dar otra vuelta de tuerca a mi crónica y retroceder hasta el punto donde me quedé, pues desde entonces han pasado muchos días, sin que, debido a diversas circunstancias, pudiera escribir acerca de lo sucedido en tan memorables fechas, y temo que mi memoria empiece a flaquear, a pesar de lo recientes que están todavía los acontecimientos.

Así pues, el orden cronológico del viaje me devuelve al domingo 17. Aquella mañana realicé mi tercer viaje al cabildo y a la zona histórica, donde se hallaban los restos de la gran batalla contra los ingleses. Es un paseo que, aún no sé cómo, llega a enlazar con la rambla más importante, la que conecta con el centro de la ciudad. Ahí hallé un mercadillo ambulante, como los de mi tierra, pero aún de mayor tamaño; se extendía por varias calles, y llegaba a suspender el transcurso del tranvía por varios sectores. Cuando llegué, hacia mediodía, estaba abarrotado; y, a pesar de lo mucho que detesto las multitudes, decidí mezclarme entre ellas para ver si encontraba algún presente que llevarme, aprovechando los bajos precios. Y es que ahí había muchos libros. Me puse a leer los títulos y a consultar los autores; pero, para mi desespero, en medio de tantos volúmenes no había más que unos cuantos diamantes rodeados de estiércol. Recuerdo una parada que se me hizo especialmente vomitiva, pues la mayoría de sus libros eran sobre la monarquía; y, cuando se trataba de grandes obras, los vendedores parecían ser personas indolentes, desinteresadas y superficiales, que no albergaban el menor interés por sus mercancías, que quizá se hubieran encontrado en un contenedor, y que por ello ofrecían a un precio tan asequible. Era desesperante ver tanto arte tan mal valorado.

En cualquier caso, esa gente tenía que ganarse la vida; y yo, centrado en mi beneficio, también podría aprovechar la oportunidad. Buscando di con un libro de Juan Antonio Vallejo Nájera, Yo, el rey. El nombre del autor me sonaba; no sabía exactamente de qué, pero me era familiar; y la temática, muy interesante. La dueña me lo ofrecía por 166 ptas, y acepté.

Según supe una semana más tarde, cuando, ya de vuelta en mi tierra, fui a hacerle una visita a mi padre, Vallejo Nájera había sido un reputado psiquiatra, que había fallecido de manera prematura en 1991, de resultas de un cáncer fulminante. Y el libro que había adquirido, a pesar de haberlo escrito alguien que no estaba especializado en cuestiones históricas, estaba muy documentado; se centraba en los meses de junio y julio de 1808, los primeros en España de José Bonaparte, quien es el protagonista y narrador; y él, a su vez, hace un análisis retrospectivo de los sucesos y las intrigas que tuvieron lugar dentro de la familia real española, y critica la mentalidad con que maniobraron su hermano y algunos ministros de éste.

Ignoro hasta qué punto el rey José era inocente, mas el libro lo presenta como un buen tipo, que pretendió ganarse al pueblo con un comportamiento justo; un sujeto que había gobernado en Nápoles, y luego fue utilizado por su hermano para reinar en España.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad.

26-04-2019.

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