EL REENCUENTRO (IX)

Era un libro muy interesante; guardaba una directa relación con la primera serie de Los Episodios Nacionales de Galdós, aunque mucho más modesto, y desde el punto de vista de los vencidos. Ahora, pensándolo fríamente, creo que la figura del rey José I está tratada con excesiva benevolencia. Es normal; siempre se tiende a ser indulgente con los derrotados y a presentarlos como una frustrada época de dicha y bienaventuranza. En realidad, sin embargo, no puede olvidarse que este personaje también tenía sus ambiciones; que nadie le forzó a aceptar el trono. Si fue partidario de usar mano blanda en España, fue porque era consciente de los peligros que entrañaba una actitud despótica. De hecho, en el libro afirma haber leído El príncipe de Maquiavelo, y que por ello sabe que el comportamiento de Napoleón podría ser contraproducente.

Normalmente me daba otro paseo al caer la tarde. Esta vez fue un poco diferente. Pasé algunas horas de plática con mi novia, hasta que finalmente salí. Cuando lo hice caía ya la tarde; empezaba a oscurecer. Serían las 20:00. Fue una ocasión perfecta para ver las calles de Santa Cruz de noche, con esa vida plagada de misterio. Pero, si las aceras bañadas por la luz artificial, con las risas de los viandantes, me seducía, más lo hacía aún la zona del puerto y del cabildo. Ahí traté de tomar unas cuantas fotos. Es maravillosa la estampa; la imagen que ofrecen los menceyes; la balsa que hay frente a ellos, con el agua salpicada por la alba luz, en contraste con el fondo oscuro. Se me haría difícil decidir cuál es el panorama que más me agradó. El día me permitía apreciar toda la belleza con mayor nitidez; pero lo que ocultan las sombras, los contrastes, me entusiasmaban.

Cuando regresaba al hotel, atento a mi móvil por si debía inmortalizar algún otro recuerdo, me topé con cuatro chicas situadas en forma perpendicular la una a la otra, formando un cuadrado; portaban máscaras del grupo Anonimus y vestían camisetas negras, con unas frases que ahora mismo no recuerdo o que no llegué a leer, pues cada una sostenía con las manos un portátil. Cuando me detuve a mirar las proyecciones, antes de que pudiera identificarlas se me acercó un chico y me preguntó qué era lo que veía en las pantallas. Se trataba de una muestra del maltrato a que son sometidos los animales en las granjas antes de sacrificarlos. Me inquirió si comía carne. Aquello fue el punto de partida de un breve debate con un vegano.

El mundo vegano y el vegetariano me parecen muy interesantes y respetables. Si esa gente tiene esos bellos sentimientos, tienen mi aprecio; pero no creo que mi cuerpo pueda funcionar exactamente igual de bien sin carne ni productos derivados de los animales. De hecho, le comenté que, según había estudiado, la evolución del homo sapiens, del crecimiento de su cerebro, se dio debido a la ingesta de carne.

La charla habría durado un buen rato de no haberme dolido la cabeza. Creo que por la mañana volví a marearme por el paseo lento frente a las paradas y lo mucho que me dio el sol, y el debate quedó inconcluso.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad.

08-04-2019.

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