EL ANTICRISTO, POR FRIEDRICH NIETZSCHE

Este libro lo adquirí junto a Ecce homo; pero ambos en conjunto me sangraron; me costaron en total más de 33.000 pesetas, gracias a la derecha encubierta que aún se encuentra en el poder, que mantiene el iva elevado a la cultura. No interesa que la gente piense; y menos aún que lea filosofía.

El anticristo es un libro que contiene un lenguaje ya agresivo, indignado, por parte de Nietzsche, desafiante. Fue escrito en los últimos meses de 1888, poco antes de sufir el ataque en Turín, el 3 de enero de 1889. En estos momentos, el autor, que tan contrario se había mostrado siempre a las costumbres de su Alemania natal y de sus conciudadanos, ha caído en desgracia en su país.

En cualquier caso, para las cuestiones históricas, a parte de la gran introducción que hace Andrés Sánchez Pascual para la editorial Alianza, están sus numerosísimas e interesantísimas notas. Admito que no pude consultarlas todas, pero es que tenía que forzar la vista.

1

Mirémonos a la cara. Nosotros somos hiperbóreos, -sabemos muy bien cuán aparte vivimos. “Ni por tierra ni por agua encontrarás el camino que conduce a los hiperbóreos”; ya Píndaro supo esto de nosotros. Más allá del norte, del hielo, de la muerte -nuestra vida, nuestra felicidad… Nosotros hemos descubierto la felicidad, nosotros sabemos el camino, nosotros encontramos la salida de milenios enteros de laberinto. ¿Qué otro la ha encontrado?- ¿Acaso el hombre moderno? “Yo no sé qué hacer; yo soy todo eso que no sabe qué hacer”- syspira el hombre moderno… De esa modernidad hemos estado enfermos, -de paz ambigua, de compromiso cobarde, de toda virtuosa suciedad del sí y el no modernos. Esa tolerancia y largeur (amplitud) del corazón que “perdona” todo porque “comprende”todo lo scirocco para nosotros. ¡Preferible vivir en medio del hielo que entre virtudes modestas y otros vientos del sur!… Nosotros fuimos suficientemente valientes, no tuvimos indulgencia ni con nosotros ni con los demás; pero durante largo tiempo no supimos adónde ir con nuestra valentía. Nos volvimos sombríos, se nos llamó fatalistas. Nuesto fatum (hado) era la plenitud, la tensión, la retención de las fuerzas. Estábamos sedientos de rayo y de acciones, permanecíamos lo más lejos posible de la felicidad de los débiles, de la “resignación”… Había en nuestro aire una tempestad, la naturaleza que nosotros somos se entenebrecía -pues no teníamos ningún camino. Fórmula de nuestra felicidad: no teníamos un sí, un no, una línea recta, una meta…

61

-Con esto he llegado a la conclusión y voy a dictar mi sentencia. Yo condeno el cristianismo, yo levanto contra la Iglesia cristiana la más terrible de todas las acusaciones que jamás acusador alguno ha tenido en su boca. Ella es para mí la más grande de todas las corrupciones posibles. Nada ha dejado la Iglesia cristiana de tocar con su corrupción, de todo valor ha hecho un no-valor, de toda verdad, una mentira, de toda honestidad, una bajeza del alma. ¡Que alguien se atreva todavía a hablarme de sus bendiciones “humanitarias”! El suprimir cualquier calamidad iba en contra de su utilidad más profunda, -ella ha vivido de calamidades, ella ha creado calamidades, con el fin de eternizarse a sí misma… El gusano del pecado, por ejemplo: ¡La Iglesia es la que ha enriquecido a la humanidad con esa calamidad! -La “igualdad de las almas ante Dios”, ese pretexto para rancunes (rencores) de todos los que tienen sentimientos viles, ese explosivo de concepto, que ha acabado convirtiéndose en revolución, idea moderna y principio de decadencia del orden social entero, -es dinamita cristiana… ¡Bendiciones humanitarias del cristianismo! ¡Extraer de la humanitas una autocontradicción, una autodeshonra, una voluntad de mentira a cualquier precio, una repugnancia, una voluntad de desprecio hacia todos los instintos buenos y honestos! -¡Ésás serían para mí las bendiciones del cristianismo! -El parasitismo como única práctica de la Iglesia; con su ideal de clorosis, con su ideal de santidad, beber hasta el final toda sangre, todo amor, toda esperanza de vida; el más allá, como voluntad de negación de toda realidad; la cruz, como signo de reconocimiento para la más subterránea conjura habida nunca, -como la salud, la belleza, la buena constitución, la valentía, el espíritu, la bondad de alma, contra la vida misma…

Esta eterna acusación contra el cristianismo voy a escribirla en todas las paredes, -allí donde haya paredes, tengo letras que incluso harían ver a los ciegos-… Yo llamo al cristianismo la única gran maldición, la única grande intimísima corrupción, el único gran instinto de venganza, para el cual ningún medio es bastante venenoso, sigiloso, subterráneo, pequeño -yo lo llamo la única inmortal mancha de deshonra de la humanidad…

¡Y se cuenta el tiempo desde el dies nefastus (día nefasto) en que empezó esa fatalidad, desde el primer día del cristianismo –¿Por qué no, mejor, desde su último día? -¿Desde hoy? -¡Transvaloración de todos los valores!…

05-04-2019/11-04-2019.

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