LA ESTULTICIA HUMANA

No hace ni una semana que tuvieron lugar las elecciones generales en España; unas elecciones, como muchas, condicionadas por el miedo. Fue éste el factor que dominó toda la campaña, y que más tarde se reflejó en los resultados de los comicios.

Personalmente, sentí una mezcla de pena y asco al observar lo manipulable que es la gente. No era la primera vez que lo veía, pero nunca consigo acabar de resignarme a tanta estulticia. La derecha, como era de esperar, trató de explotar su tema estrella, el supuesto riesgo de una ruptura de España si ganaba el partido socialista, que amnistiaría a los líderes independentistas y abriría el proceso de separación de Catalunya respecto del resto del Estado. Y los socialistas, por su parte, clamaban por un apoyo masivo para frenar el avance de la ultraderecha. Y el pueblo, tan visceral como irracional, se dejó llevar.

Tras el escrutinio, mucha gente dijo sentirse satisfecha, porque se había frenado el avance de vox, la bestia negra que movilizaría el voto supuestamente progresista para impedir que la ultraderecha volviera a gobernar en España. Yo, sin embargo, no lo vi así. El Pp ha sido siempre una de las derechas más rancias de Europa, por no decir la peor. Por tanto, en ese punto no ha habido para mí cambios; tan sólo que la derecha se presenta dividida en tres facciones. Mas ello, ¿qué significa? ¿Acaso le reporta algún beneficio a la izquierda? No. Ya se ha comprobado en Andalucía, donde los tres partidos, que en campaña se atacaron y dijeron tener entre ellos odios irreconciliables, acabaron pactando.

¿Dije tres derechas? Sería mejor cuatro. Pues, ¿qué es el psoe, sino una derecha enmascarada? Si Pablo Iglesias se levantara de la tumba y viera en lo que se ha convertido su partido, volvería a meterse en ella. Se ha convertido en uno de los partidos del sistema. De izquierda no tiene más que la etiqueta; suficiente para convencer a los ingenuos que se dejan llevar por siglas, por palabras y por el físico de los candidatos. Cuando el partido estaba hundido, después de que en 2011 pactara con el pp la reforma del artículo 135 de la constitución para que los españoles pagaran la deuda generada por los bancos, cogieron a un desconocido, como ya pasara tras la debacle electoral de 2000, para dar la imagen de regeneración. Un tipo, supuestamente surgido de la nada, que se impondría a los barones y se erigiría en supuesto salvador del pueblo. Y la masa, siempre tan inútil, se dejaría llevar por este discurso paternalista; porque el psoe en sus inicios fue un partido de izquierda; y el pasado es lo que cuenta. Que con el paso del tiempo se convirtiera en un partido corrupto, eso no importa; es algo que siempre se olvida.

Por eso le salió tan bien el discurso del miedo. Jugada redonda para hundir a Podemos. Ellos, el partido tradicional, era el único que podía salvar al país de la ultraderecha. Aterrados, muchos votantes de Podemos votaron al psoe; luego, tras el escrutinio, clamaron Con Rivera no, en alusión al líder de Ciudadanos. Pero, una vez pasadas las elecciones, Sánchez descarta un pacto con Iglesias.

Pero no importa, porque ya han pasado los comicios. Y los votantes, como en tantas ocasiones, han demostrado ser subnormales; y el 26 de mayo volverán a tropezar con la misma piedra.

Autor: Javier García Sánchez,

Desde las tinieblas de mi soledad.

02/05/2019.

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