UNA NUEVA ETAPA (CCCXIX)

CUADERNO DE GABRIEL

LA GRAN BATALLA (XXXVII)

Los acontecimientos se precipitaron con extraordinaria rapidez después de aquel ataque relámpago a Gotuma. Las demás provincias se hicieron eco de lo sucedido y se entablaron tensas negociaciones. Aquel día las líneas telefónicas se saturaron; la población se contagió de la psicosis de sus dirigentes. De repente había desaparecido toda la euforia por la muerte de Albus; ahora eran sus vidas las que estarían en juego. Todos, hombres y mujeres entre 18 y 60 años, serían llamados a filas; sólo quien pudiera alegar una grave enfermedad se libraría del reclutamiento. Pero, una vez estallara la guerra, serían los más vulnerables.

Recluido en su modesto apartamento, Jalok asistió a aquellos instantes cruciales con la misma impotencia que los demás. Sabía cuánto le iba en aquel conflicto; un conflicto que había aguardado para reivindicarse y tomarse cumplida venganza por las humillaciones pasadas. Pero ahí, encerrado en su casa, vivía con ansiedad el curso de las negociaciones, sin poder interferir en las mismas.

-Buenos días a todos. No necesitáis que os ponga al corriente sobre lo que sucedió anteayer; vosotros mismos tuvisteis ocasión de asistir al despiadado ataque de las naves de Siyan; y algunos, desgraciadamente, no viven ya.

<<Como imagino que también sabréis, ayer fue un día crucial para el futuro de nuestra gran Nación. A raíz de aquel ataque de la dirigente de Ostranc, todos los líderes hemos tenido que poner en marcha nuestra maquinaria diplomática. Creo que tampoco es necesario que diga nada sobre mí; la mayoría me conocéis; y, si alguno lleva poco tiempo en el cuerpo, no soy yo el más indicado para hablar sobre mí; mis palabras podrían sonar a burda demagogia. Me hago cargo. Mas, por ello, quienes han tenido la suerte o la desgracia de servir a mis órdenes, os darán testimonio de cuál ha sido mi actitud durante estos años; os dirán si en mí encontraréis un dirigente ambicioso o un leal servidor del imperio.

-¡Charlatán -espetó en voz baja el joven guerrero, sin poder contener la ira. Ariadna, a su lado, le dio un codazo para hacerle recuperar la compostura. Si alguien más hubiera reparado en su comentario, en aquellos instantes previos a tan desastrosa guerra, habría sido inmediatamente fusilado-!

-¡Y esa pérfida mujer osó enviar sus naves anteayer para destruir este pueblo y asesinarme! No lo consiguió gracias a vuestro arrojo y a la ayuda de una gran guerrera que luchará a nuestro lado. Imagino que ya la conocéis; fue ella la que nos libró de la dictadura de Albus y puso fin a la eterna guerra con Erthos. Pero, ahora bien: la mezquina dirigente de Ostranc ha jugado sus cartas. Una vez fracasado su intento de invasión, y temerosa de un golpe interno para asesinarla, nos ha acusado ante la poderosa Riyan de haber subvertido el orden nacional y de promover un magnicidio; y no sólo eso, sino que, además, damos cobijo a la artífice de tal hazaña.

<<Por supuesto, no hay quien crea semejante discurso; pero a ella le sirve como excusa para erigirse en una simple víctima, en una mártir, y solicitar la alianza de la presidenta de Sozusca; y ésta, que siempre ha codiciado el trono y me ha visto como un rival, no ha dejado pasar la oportunidad de exponerse como adalid de los débiles.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad.

08-05-2019.

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