UNA NUEVA ETAPA (CCCXXII)

-Pero, ¿cómo os las arregláis? Con la guerra no habrá sido fácil; y ahora, con todo el caos que se ha generado, imagino que poco habrán cambiado las cosas. De hecho, no sé lo que voy a hacer. Lo del proyecto de investigación fue un timo, por no decir un secuestro; nos pagaron el alojamiento y la comida, pero no he visto ni un krup. No sé si me habrían pagado en caso de que todo hubiera ido de otra manera; sólo sé que aún puedo dar gracias si estoy viva; y creo que los compañeros del equipo debeían estarme agradecidos.

-¡¿Pero qué dices!? ¡¿Que no has cobrado!? ¡¿Tu equipo!? ¡¿Qué ha pasado!?

-Es una historia muy larga; y no creo que tenga ánimos para contarla dos veces. Es mejor que nos esperemos a que regrese Gabi. Por ahora sólo ten en cuenta que soy una carga; no llevo encima más que unos cientos de krups, que ya han perdido todo su valor; y hasta dudo que en el banco quieran cambiármelos.

-¡Cariño! ¡No digas eso! ¡Tú nunca serás una carga! A Gabi le ha quedado una pequeña herencia de sus padres. Lo único es que ha perdido la pensión que tenía; los alemanes han desmantelado todo el sistema social. Eso nos ha obligado a apretarnos el cinturón. Yo también tengo algún dinero, aunque no sea demasiado. Vamos vendiendo nuestras pertenencias; incluso recogemos hierro y otros metales para cambiarlos en las tiendas por algún marco. Es como si hubiéramos retrocedido dos siglos. Hacemos lo mismo que nuestros tatarabuelos. Al menos, dentro de todas estas desgracias, aún funciona la solidaridad; es lo único que ha salido fortalecido de toda esta catástrofe.

-Vaya. Y ahora de repente vengo yo y empiezo a comerme tus pastas. Están riquísimas, por cierto.

Tras oír sus palabras me sentí culpable. En esa casa vivían quizá las dos únicas personas que me quedaban. Tenían apuros económicos; y yo llegaba para diezmar aún más sus recursos. No volví a tocar la comida, por más hambre que tuviera.

-Son del horno de la esquina; lo lleva Tania, una compañera de la carrera; no sé si te acordarás. No teníamos demasiado trato con ella. De hecho, creo que en primero tuviste algún problema con ella en la asignatura de Violencia de género.

-¡Ah, sí! ¡Ya recuerdo!

-Pues ahora, después de todo lo que ha pasado, he podido tratarla más, y veo que no es mala persona; de hecho, muchas veces me regala el género.

-Ya. Las guerras favorecen esas cosas. Se mueren tus seres queridos, te quedas sola y necesitas cambiar para que tu vida vuelva a tener sentido.

-Laura, tesoro, ¿estás bien? Nunca te había oído hablar así.

-¡Qué pregunta! ¡Claro que no estoy bien! ¿Acaso tú lo estás? ¿Acaso lo está Gabi?

-¡Pues claro que no!

-¿Entonces para qué preguntas?

¡Laura, joder! ¡No empieces con ese tono!

-Perdona, nena. Son muchas cosas. Es que se me ha derrumbado la vida?

-A todos se nos ha derrumbado, cariño; pero saldremos adelante. Ya lo verás.

Ahora era ella la que me abrazaba. Yo, por mi parte, con la cabeza apoyada en su hombro y la mirada perdida, pensaba en qué podríamos hacer para sobrevivir. Lo que me había contado era muy básico, muy rudimentario; apenas se obtendrían unos pocos ingresos. En eso había acabado nuestra carrera.

Estábamos abrazadas cuando oímos la cerradura.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad.

13-05-2019.

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