UNA NUEVA ETAPA (CCXXIII)

-¡Gabi, cariño! ¿¡A que no adivinas quién ha venido?!
Exclamó Julia, después de desprenderse de mí y de precipitarse hacia la puerta. Segundos más tarde regresaba con mi chico, que todavía permanecía como paralizado, incrédulo. Después se echó encima de mí y empezó a besarme.
-¡Laura, vida mía! ¡Estás viva!
-Sí; eso dicen.
-Pensábamos que te habían matado los sudafricanos, o los alemanes.
-No. Los sudafricanos asaltaron la capital, pero nosotros estábamos en un reducto aislado. En cuanto a los alemanes, ejecutaron al segundo equipo y a las dos directoras de la expedición.
Entonces pasé a informarles de lo ocurrido; de cómo se nos había conducido engañados a aquella tierra con el único objeto de matar a Narayan; cómo, pese a todas las presiones, me había resistido a cometer aquella atrocidad; y que, incluso, había conocido personalmente al filántropo; que había tratado de persuadirle para que se pusiera a salvo; cómo éste me había escuchado con atención, y casi hasta me pedía que fuera yo quien le matara; y cómo, después del horrible crimen y de finalizada la guerra, las dos brujas de la expedición y los integrantes del segundo grupo fueron ejecutados por orden del alto mando pangermánico.
Durante mi relato, Gabi y Julia permanecieron callados, atónitos. Sus caras eran ya de por sí muy elocuentes; reflejaban la desagradable sorpresa producida por tan amarga historia.
-¡Cuánto lo siento, mi amor! ¡Si lo hubiera sabido, no te habría enviado a ese infierno!
-Gabi, cariño, no te preocupes. No podías saberlo. Si hubieras ido tú, quizá habrías cedido a las presiones; y hoy estarías muerto. Me cediste tu plaza porque era una gran oportunidad y me hacía falta el dinero; o eso creíamos todos. Además, para vosotros tampoco ha sido nada fácil. De hecho, justo antes de que llegaras, estábamos hablando acerca de cómo nos las vamos a ingeniar para sobrevivir. Creo que no sacáis mucho; y yo he de obtener una fuente de ingresos, pero no se me ocurre nada.
-Los miembros de tu equipo te deben la vida. ¿No podrían conseguirte algo? Nos trasladaríamos si hiciera falta.
-No sé. Me deben la vida, pero no sé en qué situación se encontrarán. Además, debido a mi terquedad, sólo conseguí trabar amistad con el informático y con mi compañera de habitación. Tendría gracia que para sobrevivir acabáramos emigrando a Weimar.
-Bueno, no se pierde nada por intentarlo. Luego les escribes. Creo que, si está en su mano, te ayudarán. Pero ahora me gustaría que diéramos un paseo. ¿Te sientes con ánimos?
-Cariño, estoy agotada. He dormido poco y he caminado mucho; necesito descansar.
-Está bien; nos quedaremos. Pero cuando te encuentres mejor saldremos. Hemos de recuperar nuestros momentos.
Aquella tarde les envié sendos correos al inglés y a Hanna. Me encontraba poco esperanzada, la verdad. La idea de ir a la pérfida Albión nunca me había seducido; es un lugar que, por alguna extraña razón, me deprime y me repugna. En cuanto a la posibilidad de ir a Alemania, en cierto modo me aterraba; no tanto por estar en el país de los invasores, cuanto por estar con la mujer con la que me había acostado en Nairobi; y que, junto a nosotras, estuviera Gabi. Sería una situación muy violenta. Pero nos hacía falta dinero.
Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad.

14-05-2019.

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