UNA NUEVA ETAPA (CCCXXV)

Aquella noche volví a hacer el amor con Gabi, después de tanto tiempo. Fue una experiencia muy satisfactoria, que creo que a ambos nos hacía mucha falta, después de lo que habíamos vivido y de impresiones tan fuertes. Me alegró comprobar que no había perdido facultades; aunque tuvimos que tener mucho cuidado, porque no teníamos preservativos.
-Es desolador. ¿Te acuerdas? Vinimos aquí como amigos; la taberna estaba desierta. Nos tomamos unas cervezas y unos bocadillos; Moustache pensaba que éramos pareja. Aquí me abriste tu alma; me contaste cosas muy íntimas; y empecé a encariñarme. Luego se hizo tarde. Moustache cerró y me acompañaste a casa. Yo iba un poco fresca; me ofreciste tu chaqueta, pero la rechacé. A la semana siguiente estaba en cama con un resfriado de caballo, y tú fuiste a llevarme los apuntes.
-¡¿Cómo olvidarlo!? El lunes siguiente me pediste explicaciones por un escrito que se me había traspapelado entre los apuntes, donde decía lo mal que me encontraba con la vida; me montaste un numerito en el bar y me besaste delante de todos.
-Sí. Así que creo que aquí empezó todo.
El bar tenía la persiana bajada, con una mancha de pintura roja; las paredes acumulaban polvo. Las personas que vimos caminaban deprisa y con la cabeza baja.
De camino a casa pasamos por la panadería de Tania. Se me hacía raro, como tantas cosas. Reencontrarme con aquella mujer, tan soberbia, que había tenido que humillarse. No sabía cómo iba a reaccionar, ni cómo iba a hacerlo yo.
-Hola, Tania, buenos días. ¿Tienes calabazas asadas?
-Sí, claro. ¿Cómo os va? ¿Ya habéis probado las pastas?
-Sí. De hecho, ayer nos las acabamos; tuvimos una gran sorpresa. ¿Te acuerdas de Laura?
Dijo Gabi; y al momento la otra reparó en mi presencia.
-¿Laura? ¿Eres la de criminología? ¿La de violencia de género? ¡Chica! ¡Casi no te reconozco! ¡Hacía un huevo que no te veía! Gabi me contó que te habías ido a Kenia. ¿Y cómo te fue?
-Sobreviví. No fue un viaje de placer, precisamente. De hecho, casi nos matan.
-¡¿Pero qué dices!?
-Tania, cariño, es una historia muy larga, y no creo que Laura tenga ganas de hablar de ello. ¿Por qué no te pasas por casa cuando acabes? Hay que celebrar este momento.
La idea de verme más tarde con aquella mujer no me convencía, pero intentaría darle una oportunidad. Al fin y al cabo, estaría en mi terreno. Aunque fuera la casa de Raquel, era mi amiga; ella y mi novio estarían delante; y en caso necesario me apoyarían.
Cuando regresamos encontré un correo de mi amigo inglés. Era la primera respuesta; y era negativa. Según me decía; el Reino Unido estaba bloqueado; nadie podía entrar ni salir de la isla. Fuertemente custodiada por gendarmes y buques de guerra, sufría una opresión mayor que la propia Francia. El hecho de que hubiera ofrecido mayor resistencia que otros países se traducía ahora en un mayor castigo. Aún suerte que Kevin se encontraba bien y había conseguido un empleo en un supermercado. Me planteé entonces si ésa sería mi salida; si ésa sería nuestra salida. “Señorita Laura Ubaldo Francés, criminóloga, diseccionando un pollo”. Me deprimía sólo de pensarlo. Intentaba aparcar esa idea de mi mente y concentrarme en el ordenador; en todas las ofertas de empleo que pudiera encontrar. Y entonces, desmoralizada, recibí un correo de la última persona que me esperaba.
Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad.

20-05-2019.

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