UNA NUEVA ETAPA (CCCXXIX)

-¡Tania, tesoro! ¡Cuánto me alegro de que hayas venido! ¡Muchas gracias por las pastas!
-No hay de qué. Gabi me dio la gran noticia. Hay que celebrarlo.
-¡Vaya que si hay que celebrarlo! ¡Ayer me quedé medio muerta cuando la vi; no supe reaccionar!
-Raquel, estoy aquí; no necesito que hables de mí como si me hubieramarchado.

-Perdona, cariño. Ya sabes que es mi manera de hablar.

-Y tú sabes que me molesta mucho. Mi madre también lo hacía.

-¡Ay, tu madre! ¡¿Y cómo está -intervino Tania-!?

-Murió -respondí con sequedad y mirada seria. Estaba a la defensiva. Algo me decía que le saltaría a la yugular de un momento a otro. Tania continuaba con un tono marcadamente forzado, con una falsa amabilidad que me alteraba los nervios. De seguro ya estaba enterada de la suerte de mi familia; sólo quería probarme y ver cómo reaccionaba-.

-¡¿Qué dices!? ¡Cuánto lo siento! ¿Y tu padre?

-¿Por qué me haces esas preguntas tan personales, Tania? ¿Acaso te importa? ¿Como puedes decirme que lamentas la muerte de mi madre? ¿Es que acaso la conociste?

-Perdona, Laura. No te pongas así; yo sólo quería ser amable?

-¿De verdad? Es que se me hace muy raro, teniendo en cuenta la clase de relación que tuvimos en la carrera. Nunca me toleraste; ni tú me caíste bien. ¡Y ahora me vienes con estas preguntas y con este teatro de que te aflije mi suerte! ¡Ahórrate tu falsa condescendencia! Si de verdad quisieras arreglar algo de lo sucedido en el pasado, iniciarías un acercamiento lento, en vez de ser tan cínica!

-Laura, por favor… ¿Cómo iba a pensar que te acordarías de aquello? Si hasta a mí se me había olvidado. ¿De verdad? ¿Después de cinco años de carrera y de esta guerra tan atroz, aún tienes energías para recordar lo que sucedió en primero? Mi familia también ha muerto, ¿Crees que voy a pensar en discusiones más típicas de patio de colegio que en la solidaridad con los míos?

-¿Y desde cuándo formo parte de los tuyos? ¿Cuándo me has incluido en ese selecto club? ¿Hace tres horas, cuando te has enterado de mi regreso? Porque hasta ese momento me tenías por muerta. Te ha faltado tiempo para considerarme entre tus amigas; ¡y me tratas como si fuéramos íntimas! ¿Quieres hacerme creer que sólo querías ser amable? ¿Por qué no dices más bien que eres una cínica? ¿que crees que estás por encima de nosotros; y que, si te has acercado a Raquel y a Gabi y te has ganado su afecto, es tan sólo porque se te ha caído el mundo y te has quedado tan sola como nosotros?

-¡No lo puedo creer! ¡Raquel, di algo!

Me había dejado llevar por los nervios. No había aguantado ni un cuarto de hora; había estallado tan pronto como aquella arpía había empezado a tensarme las cuerdas; no había escatimado en palabras y en verdades con que combatir su burdo teatro. Y la otra, indignada por mi reacción, aún había tenido la poca vergüenza de apelar a mi amiga. Raquel, sin embargo, volvía a estar ensimismada; parecía que ni siquiera se hubiera enterado de nuestra discusión. Pestañeaba, pero poco más; no respondía a las quejas de Tania. Aquello volvió a inquietarme. Se había preparado muy bien para nuestra reunión, pero de repente estaba anulada, incapaz de tomar partido en la misma; y yo sabía la causa. En esos momentos deseé que Tania se fuera para hablar con ella y tranquilizarla. Y entonces, con mi amiga en estado cataléptico, Gabi regresó con una bandeja donde portaba cuatro tazas de té.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad.

27-05-2019.

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