UNA NUEVA ETAPA (CCCXXX)

-Raquel, cariño, ¿qué te ocurre?

Todos nos congregamos a su alrededor, asustados por su estado. Gabi dejó la bandeja encima de la mesita que había entre nosotras y se puso a acariciarle el pelo.

-Disculpad. Estoy bien; es sólo que esta noche he dormido poco y me encuentro un poco cansada.

Quizá con aquellas palabras pretendiera confundir a Tania, la única que no estaba enterada de los últimos acontecimientos; pero a Gabi y a mí de ningún modo podía engañarnos.

-Lo siento mucho, tesoro. Te has quedado como muerta; pensábamos que te pasaba algo. Si lo prefieres, me voy y te dejo descansar.

-¡De ninguna manera! Esto con el té se me pasa; y si hace falta me tomo café. Hoy es un día especial; y no quiero que faltes.

-Bueno, si estás segura que es lo que quieres – dijo, mientras me lanzaba una mirada de reojo. Entendí que por mi amiga era mejor que tratara de guardar las formas y aguantar aquella tarde. Me parecía increíble que ahí, en medio de aquella discusión, ninguna de las otras dos personas que había en esa casa se enterara de lo que había sucedido. Y aquella arpía se burlaba de mí con su cínica mirada.

-Y cuéntanos, Tania, ¿qué tal la panadería? Creo recordar que en su día querías montar un bufete de abogados. ¿Lo has descartado, o esto es algo provisional? Supongo que tendrás muchos clientes; se te ve bien.

Mantener las formas nunca había sido mi punto fuerte. Si quería jugar conmigo, le tiraría al hígado. ¡Qué difícil equilibrio: la salud de mi amiga y mi amor propio!

-No me puedo quejar. Otra gente no ha tenido tanta suerte. Pero mis padres me han cedido su negocio; y la verdad es que funciona muy bien; he trabado amistad con mucha gente del barrio. Pero todo esto es temporal, hasta que tenga un capital y una seguridad. Además, los clientes me confían sus historias; y me doy cuenta de que podría salir adelante como abogada.

-¿¡Pero qué dices, chica?! ¡Con lo complicado que sería! ¿De verdad te vale la pena? ¿Ahora que ya tienes algo seguro? ¡No seas tonta!! Para qué quieres meterte en pleitos? Además, estas pastas están deliciosas.

-Laura tiene razón – intervino Raquel-. Todos teníamos unas aspiraciones; pero ahora, visto lo visto, ¿vale la pena arriesgarse? La panadería te va muy bien. ¿Y qué sería de nosotros sin tus pastas?

Tania no contaba con que aceptara su desafío. Que se viera obligada a renunciar a su sueño y quedar enclaustrada en aquel oficio era una afrenta a su amor propio. Que yo lo sugiriera y que mi amiga me apoyara le sentó como un tiro.

-Bueno, no sé. Me lo pensaré. Pero ahora no hablemos más de mí. Hablemos de ti, Laura; hoy es tu día. Cuéntame, ¿cómo te fue por Kenia? Viste muchos leones?

¡Claro! No hablemos más de ti. Ahora que es tu amor propio el que está herido, quieres que te hable sobre mí. Dije para mis adentros, con una sonrisa de triunfo.

-No. En realidad sólo vi dos víboras; las dos directoras de nuestra expedición. Y a día de hoy están muertas, por ser serpientes venenosas.

-¡Qué dices! ¡¿Qué les pasó!?

Por primera vez me pareció que los ojos de Tania se desorbitaban de asombro con sinceridad. Entonces me tocó volver a contar aquel terrible año. Para mi sorpresa, escuchaba con viva inquietud, sin interrumpirme.

Autor: Javier García Sánchez,

Desde las tinieblas de mi soledad.

28/05/2019.

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