CODICIADO SECRETO

Reto de Lídia Castro de 100 palabras de julio. Elementos a utilizar: un candado y la palabra grimorio.

No importaba cuánto tiempo hubiera transcurrido. Él seguía ahí, sentado entre vetustos muebles que habían sobrevivido a varias generaciones, pero que ya habían encontrado en su persona al último guardián. A sus espaldas una pared astutamente disimulada guardaba el sagrado secreto, por nadie más que por él conocida; cerrado con candado, en su interior custodiaba el ancestral grimorio que había caído en sus manos, el secreto de su eterna existencia, después de que la cólera de los dioses estuviera a punto de extinguir a la poderosa raza de los hechiceros como castigo por su atrevido desafío.

Relato basado en el reto de Lídia Castro:

Sentado en aquel vetusto sillón, impertérrito, contemplaba el transcurso del tiempo; un transcurso al que asistía indiferente, con la serenidad de saberse eterno, invulnerable a los inclementes azotes de los milenios. Podía estar rodeado de muebles de centurias pasadas, que habían pertenecido a otros dueños; el polvo se acumulaba en ellos, fruto de la indolencia de aquel hombre sosegado que, cual si estuviera muerto, reposaba con la mirada perdida, vagando por la infinitud de sus recuerdos; los recuerdos de su larga vida.

A sus espaldas, una pared astutamente disimulaba una puerta; un ligero empujón bastaba para abrirla. Mas, si esto era sencillo, no lo era percatarse del engaño, como tampoco lo era proseguir más allá del hallazgo de la sagrada estancia; pues, si alguien por ventura hasta ella alguna vez llegara, en su interior hallaría un cofre de grandes dimensiones; y éste, a su vez, custodiaría, bajo la férrea vigilancia de un viejo y pesado candado, el codiciado secreto de la inmortalidad de aquel venerable anciano, celosamente por él guardado. Pues ahí, con las tapas carcomidas y las hojas amarillentas por el paso de los años, reposaba el ancestral grimorio que durante generaciones había servido para depositar todo el saber de la poderosa raza de los hechiceros; una raza que, henchida de orgullo al ver cómo crecía su dominio sobre la miserable y despreciable estirpe humana, fue devorada por la soberbia; creyó con arrogancia poseer una gran fuerza, suficiente para derribar de su pedestal a los dioses. Y, si milenios atrás habían sido los titanes quienes habían pagado con su vida la descarada revuelta, ahora habían sido los hechiceros los aniquilados por tan terrible osadía.

La casualidad había querido que aquel grimorio, después de indecibles milenios, reapareciera un día en sus manos, cuando no era más que un simple mortal. ¿Cuánto tiempo había pasado ya de aquello? Lo recordaba con meridiana claridad, merced a los conjuros que había hallado a lo largo de sus páginas, meticulosamente leídas hasta hacerse con el arduo dominio de la magia.

Tal vez se tuviera a sí mismo como un elegido; no de otra manera se explicaba que aquel misterioso libro hubiera terminado en su poder después de tantísimo tiempo. Mas era también consciente de las leyendas que circulaban por el pueblo acerca de aquella poderosa raza de hechiceros que un día se había extinguido a causa de la cólera divina. En su juventud había oído esa historia, mas no le había dado importancia. Ahora, en cambio, sospechaba que no se trataba de mera mitología; que aquello era cierto; que la brava guerra hacía mucho que se había trabado.

Se convirtió en un joven retraído, solitario y ambicioso; envejeció entregado a sus brebajes y a sus pócimas, mientras a su alrededor todos morían; mas ello no le importaba. Sorteaba a las parcas, surcaba los cielos, tomaba las más inverosímiles formas. Eran tantos los mundos que ya había conocido y tantos los que le quedaban por conocer… Él no cometería el mismo error de sus ancestros; él no se alzaría contra la estirpe olímpica.

Autor: Javier García Sánchez,

Desde las tinieblas de mi soledad.

04/07/2019.

7 comentarios en “CODICIADO SECRETO

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