UNA NUEVA ETAPA CCCXLVI)

Tratamos de sobrellevar aquellos días de la mejor manera posible; recuperar el buen humor, a la espera de que nos entregaran los pasaportes para salir del país, ahora convertido en una mera provincia; pero no era fácil, debido a la escasez de recursos. Además, los noticieros eran desalentadores. A diario se mostraban imágenes de redadas policiales, con el objeto de exhibir la gran eficacia de los servicios secretos germanos. Aquello, sin embargo, empezaba a dar la impresión de ser un burdo montaje, con la idea de amedrentar a la gente. Ya no quedaba ni rastro del supuesto GSL; las calles continuaban desiertas, con un toque de queda que se prolongaba durante ya dos semanas, a lo largo de los cuales no había habido ningún otro atentado. Era obvio que el Reich quería justificar su brutalidad.

Una tarde, no obstante, fue un poco diferente. Los informativos sacaron las consabidas acciones patrióticas de la Gestapo; se emitió un discurso del Fhürer, donde llamaba a la unión de todos los pueblos de Europa bajo su mando; luego apareció la evolución económica de las distintas provincias, con una supuesta recuperación de todos los sectores; el apartado interimperial, que traía noticias de las demás zonas del Globo que escapaban al dominio de Alemania; y, por último, el apartado social, referido a noticias que afectaban a los distintos Estados que constituían el Imperio.

Normalmente ignorábamos esa sección; nos traía sin cuidado; no era algo que afectara a nuestras vidas, al contrario que la política p la economía. Manteníamos la televisión encendida, como un ruido de fondo que ambientaba, pero nada más. Sin embargo, las voces, las imágenes, siempre nos llegaban, aunque creyéramos no darnos cuenta; y ese día lo comprobé.

Estábamos enfrascados en un nuevo debate para ver cuándo íbamos a salir. Pocos más días podríamos aguantar ya en nuestra ciudad; nos urgía emigrar. Sugerí la posibilidad de acercarme una vez más a comisaría para comprobar si ya estaba todo en regla; y entonces Gabi se crispó y dirigió la mirada hacia los informativos. Sorprendidas, Raquel y yo guardamos silencio y prestamos atención. Las noticias mencionaban un acontecimiento que había sucedido hacía escasas 24 horas en Holanda, y que había conmocionado al país entero. Elisabeth, una joven de tan sólo dieciséis años, se había dejado morir de inanición; sus padres, impotentes, la habían visto consumirse a lo largo de una semana. Debió de ser algo muy duro para todos. Los padres, destrozados, mostraban fotografías de su hija con respiración artificial, apagados ya sus ojos, sin vida, anhelantes de muerte. Las razones que la habían llevado a actuar así eran espeluznantes. Entre los diez y los doce años había sido violada tres veces; y, debido a su corta edad, no había sabido defenderse ni les había dicho nada a sus padres. Mas aquello, no obstante, le había creado un terrible trauma. Un año antes había solicitado la eutanasia; se le había denegado por ser menor de edad; y ahora, hacía menos de un día, había puesto fin a su larga agonía.

Autor: Javier García Sánchez,

Desde las tinieblas de mi soledad.

02/08/2019.

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