EL ÚLTIMO VERANO

Escrito para el reto de agosto de Sadire, Emociones en 50 palabras:

Aquel verano fue el último que pasaron juntos, entregados a una pasión por muchos prohibida. Aquella noche, entre el ardor de los cuerpos, sumidos en extáticos jadeos, se habían grabado a fuego en su rostro. Cuando tendía sus camisetas creía poder verlo aún; creía poder gozarlo aún.

Relato basado en el reto de Sadire:

Aquel verano sería el último que compartirían. Ambos lo sabían, aunque ninguno se atreviera a comunicárselo al otro. Acaso por ello las caras eran algo más serias de lo acostumbrado; los silencios, más largos. Pero, para compensar su tristeza, procuraban aprovechar cada instante y gozarlo al máximo.

Por las mañanas, sentados en las hamacas del jardín, se miraban con un gesto serio, como agotados por el calor sofocante, pensativos, recreándose en el otro y entregados a simples quehaceres domésticos. Era a media tarde cuando en verdad empezaban a vivir; cuando se acercaban a la playa y corrían por la orilla del mar; cuando sus cuerpos desnudos se zambullían en las aguas y sus miradas se cruzaban jadeantes por la carrera, satisfechos por el esfuerzo, codiciando la boca del otro, acariciando los cortos cabellos.

Luego estaba la noche, el momento en que se desataba la pasión; cuando estallaba la mecha que se había encendido en medio de las olas. Así era como se sentían; como dos bravos oleajes que se acometían; como furiosas sacudidas que se embestían en medio de gemidos contenidos, sudand, hasta que se desboraban sus torrentes. Después recobraban la calma, pasado el temporal; sus corazones se relajaban. Entonces rememoraban en silencio lo que hacía tan sólo unos instantes habían vivido; y en su recuerdo había la dicha por el momento vivido, y la amargura por sentir que aquél sería el último verano; que ninguno volvería a llamar al otro; o, si lo hacía, el otro tendría una excusa para eludir el encuentro. Ambos sabían lo absurdo que era renunciar a aquellas noches apasionadas; a esos días en aquel chalet solitario, apartados del mundo, con el dulce aroma a salitre; con la arena que se pegaba a su piel, embelesados en sus juegos amorosos, sintiéndose el centro del Universo.

Y, sin embargo, renunciaron a toda su dicha para salvar su futuro; para escalar en una sociedad que prohibía su amor de una manera hipócrita y retrógrada. Preferían matar aquel sentimiento y dejarse morir ellos mismos lentamente, para tener la aprobación de otras personas; de sus propias familias, incluso. Se casarían; tendrían mujer e hijos, como las familias normales, y dejarían que entre ellos no hubiera más que una cordial amistad, sin volver a hablar sobre aquellos veranos.

Pero él no pudo hacerlo.

A última hora de negó a esa existencia vacía. Todos los veranos seguía acudiendo al mismo chalet, a la misma playa; corría por la arena y se bañaba en sus aguas; y, al ponerse el sol, su mirada melancólica oteaba el horizonte y escrutaba los astros; buscaba en sus recuerdos y hallaba aquellos veranos que había gozado con su único amor. Cuando, por las mañanas, ante un sol sofocante, tendía sus camisetas, lo hacía con delicadeza; y, al hacerlo, rememoraba cada caricia en la espalda, cada beso en el cuello. Creía descifrar en la suave brisa su rostro; esas sonrisas que le habían seducido; esa voz que tanto le había cautivado. ¿Dónde se encontraría ahora? ¿Le recordaría como él le recordaba? ¿Sería feliz con su esposa?¿Pensaría en él cuando hicieran el amor? Todas estas dudas le asaltaban ahí, frente a aquellas camisetas de tirantes que olfateaba como si fueran su piel. Y entonces, acometido por la nostalgia, se le escapaban unas lágrimas.

Autor: Javier García Sánchez,

Desde las tinieblas de mi soledad.

25/08/2019.

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3 comentarios en “EL ÚLTIMO VERANO

  1. Estupendo relato, Javi. A pesar de lo mucho recorrido, todavía hay gente que sigue negando su sexualidad por miedo a la exclusión, el rechazo o la burla. Has plasmado todo esto de una forma extraordinaria.
    Gracias por participar!
    Pd: No sé por qué no te deja enlazar, pero al menos he conseguido publicar el enlace de tu entrada en los comentarios 😉

    Le gusta a 2 personas

    1. Muchas gracias, Sadire. Quizá el relato sea un tanto irreal, por cuanto esos homosexuales, sí quieren progresar socialmente, tienen una vida emocional a parte (hay casos sobrados), pero no sabía cómo darle el toque trágico. Un abrazo.

      Le gusta a 2 personas

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