UNA NUEVA ETAPA (CCCLVII)

-Su país tiene la culpa de nuestras desgracias; debido a eso hemos tenido que emigrar y buscarnos la vida.

-Pero no es con ella con la que tienes que pagar. Si quieres desahogarte, vete al Bunderstag y lee una proclama contra el gobierno por haber ganado la Guerra. Pero te aviso que lo único que conseguirás será que se rían de ti. Además, ¿Qué crees que habría pasado si hubiera ganado la Gran Coalición? ¿De verdad crees que habrían tratado mejor a Alemania? La habrían troceado y se la habrían repartido, como lo hicieron durante los meses posteriores a la Segunda Guerra Mundial, sólo que con carácter permanente; y le habrían obligado a pagar una gigantesca indemnización, como hicieron los franceses tras la Primera. ¿Y crees que no habrían muerto alemanes? ¿Crees que no habría alemanes desplazados por todo el Continente?

No te engañes pensando que todos los alemanes tienen la culpa de lo que ha pasado. Una cosa son los gobiernos; otra, los ciudadanos. A nosotros también nos han destrozado la vida y nos hemos visto obligados a emigrar; y no vamos culpando a inocentes de nuestra desgracia.

Y aún te diré más: si tanta inquina le tienes a Alemania, ¿Qué haces aquí? Podrías marcharte a nuestro país, o no haber salido de él. Al fin y al cabo, las delegaciones provinciales están promoviendo muchos planes sociales para reconstruir las zonas devastadas. Luego, el gobierno alemán no será tan malo; de otro modo, tú tampoco podrías residir acá, donde hasta hay barrios para los extranjeros.

-Sí; hay barrios para los extranjeros. Pero ya has visto lo abandonados que están, que ni siquiera hay policía; que las casas están en ruinas.

-¿Y qué quieres? ¿Cuánto tiempo llevas aquí? Unos meses, imagino; no hace más que acabó la Guerra. ¿Habéis intentado integraros? ¿U os habéis creado vuestro propio ghetto, apartados de los demás? Acá sois inmigrantes; os acogen.

-Para ti es fácil decirlo. Tu tienes una amiga; nosotros vinimos sin conocer a nadie. ¿Sabes lo que es estar en un país extranjero, donde no conoces a nadie; escuchar un idioma que se te atraganta en el oído? ¿Tener que pasear por la calle y sentirte observada con desdén porque tu piel es un poco más oscura? ¿Porque no entiendes su idioma?

-Sí; lo sé. Hemos llegado esta mañana; apenas hemos dormido. No llevamos en el país más que unas horas, pero ya sé lo que es ser objeto de esa clase de miradas; y sé que es muy incómodo. Pero hay que luchar contra ese desprecio; que nos resbale y demostrar a esas personas que sus prejuicios están equivocados. Por otra parte, no debes olvidar su temor a un descenso de los salarios; y eso es algo que está sucediendo, debido al exceso de demanda laboral.

-Pues no haber destruido el Continente.

-Si no lo hubieran hecho, la Gran Coalición los habría destruido a ellos.

Sé que estás jodida; igual que nosotros. Pero ellos tampoco están bien. Y ellos, como nosotros, no han tenido elección.

Mi familia ha muerto. Sólo me queda una hermana; y ha desaparecido. Pero no culpó a nadie por lo sucedido. Trato de analizar fríamente las causas; ver cómo se ha llegado a la situación actual; y ya está.

Así que creo que le debes una disculpa a mi amiga. Ni tan siquiera te has dignado tomarle nota, preguntarle si iba a tomar algo. Si no le pides perdón, cogemos nuestras cosas y nos vamos; y le das los bocadillos a otro.

Autor: Javier García Sánchez,

Desde las tinieblas de mi soledad.

30/08/2019.

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