UNA NUEVA ETAPA (CCCLXIV)

La segunda votación fue la definitiva. El Congreso vivió horas de máxima expectación, con un suspense llevado al extremo por los diputados, que se excedieron en sus dotes histriónicas. El líder de Alemania Libre fue quien hizo gala de un mayor dramatismo. Apareció en la tribuna de oradores con visos de profeta y auguró los mayores desastres para el Imperio, ocasionados a raíz de lo que calificó como un acto de impiedad contra el Estado. Su fachada y sus palabras, un patético y desesperado intento por amedrentar a los diputados antes de la votación y conseguir tránsfugas con los que tumbar la enmienda, resultaron terriblemente ridículos; ni tan sólo se lo tomarían en serio en su propio partido.

Finalmente, el partido de Stroesser, con el apoyo de Los Verdes, La Liga de Schleswig-Hollstein y la mayor parte de los Lands, consiguió sacar su proyecto adelante por 215 votos a favor y 85 en contra, sin abstenciones; sólo se opusieron la xenófoba Alemania Libre y la Unión Bávara. Como resultado de todo ello, se procedería a una reforma constitucional, en base a la cual las dos provincias se incorporarían al Imperio y se ampliaba el número de diputados a 330, 20 de los cuales pertenecerían a Alsacia y los otros 10 a Lorena. Los territorios en cuestión dispondrían de un mes para designar a sus representantes en el Congreso.

La ciudad recuperó la normalidad tras el largo debate y la votación que había mantenido en vilo a los millones de personas de todo el orbe. De repente todo volvía a la rutina; se destensaban los músculos y la gente volvía a respirar con calma. La Goethestrasse empezó a descongestionarse de periodistas y curiosos que desde la mañana se habían agolpado a las puertas del Bunderstag; las furgonetas cargadas con los equipos iniciaron el camino de regreso a las respectivas redacciones y crearon un nuevo embotellamiento en las carreteras. Quedaba así finalmente conjurada la primera gran amenaza que sufriera el Imperio, por más que Schmidt se empeñara en vaticinar lo contrario y en asegurar que terribles plagas se cernían sobre el cielo de Alemania. Incluso Hanna pareció recuperar el color. En los días anteriores la había notado muy tensa; ella había tratado de restarle importancia, pero era obvio que algo le pasaba; y no era por el trabajo.

En cuanto al caso de Sokhôlov, pudimos resolverlo a última hora de la tarde. Hablé de la probada lealtad de mi cliente al Reich, y le hice algunas preguntas en público para que pudieran escucharle y ver cómo se expresaba; cuáles eran sus sentimientos. Hice referencia a cuál había sido su posición económica antes de la guerra y cómo ésta se había degradado; pero que, si era rehabilitado en su trabajo, podía ser de gran utilidad a los fines del Imperio. Quizá fuera éste el argumento de más peso, pues se tiende a buscar el bien común; y, en base a ello, Sokhôlov obtuvo la nacionalidad.

Para celebrarlo, aquella noche me invitó a tomar una Gerwisser. Consciente de mi comportamiento de la primera vez, no quise excederme con la cerveza, por miedo a cometer alguna locura. En cualquier caso, había sido mi primer triunfo. Aquella noche gané mis primeros 3.000 krups.

Autor: Javier García Sánchez,

Desde las tinieblas de mi soledad.

07/11/2019.

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