HAZME TUYA

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*Reto de Sadire de febrero, Emociones en 50 palabras:

Mírame. Clava en mis ojos tus centelleantes y abrasadoras pupilas.

Sedúceme. Con tu mirada penetrante y lascivas palabras al oído.

Bésame. Mientras mi cuerpo se incendia y me devoras toda. Abraza mis pechos con fiereza animal y hazme tuya. Desnúdame. Quiero sentirte dentro de mí y estallar de placer.

Escrito basado en el reto de Sadire:

Es maravilloso cuando me tiendes en la cama y das paso a tu mágico ritual; cuando, desnuda y entregada a tu arte, yazgo en el lecho, con los ojos cerrados, dejándome llevar. Entonces para mí todo es misterio. Privada de la vista, me excito sólo de pensar en tus pasos; y, cuando empiezas a recorrerme, me estremezco. Soy tu prisionera, tu esclava; estoy a merced de tu voluntad. Es sólo un juego. Pero un juego que dispara mi imaginación; un juego que me hace gozar intensamente.

Cuando pasas tu lengua lasciva por mi pie y asciendes, consigues hacerme gemir; que se despierte mi lado salvaje y que se tensen mis músculos. Siento tu lengua juguetona trepar por mi pierna; respiro agitadamente, al tiempo que mis jadeos te enervan y te estimulan para proseguir en tu cometido.

Llegas hasta mis pechos y los devoras. Casi puedo ver cómo rodeas mis pezones y los muerdes delicadamente, con la ternura de un niño, aunque con la lascivia de un adulto; y es que, cuando en ellos te demoras y los saboreas, me haces gritar de gozo. ¡Cielos! ¡Qué placer!

Ya me tienes toda entregada, sumisa. En ningún momento haré el menor intento por soltar las cadenas y liberarme de mi captor. Ansío que continúe esta deliciosa tortura; que degustes cada rincón de mi piel. Sin prisas; lentamente, como tú sabes hacerlo. Ojalá este momento fuera eterno.

Luego tu boca busca la mía; los labios se sellan y las lenguas se entrelazan. Quiero rodearte con los brazos, pero estoy demasiado excitada; prefiero dejarte hacer. Y ahí, con tu lengua insaciable, me haces vibrar.

Después me besas en el cuello. Te acercas a mi oído y me dices esas palabras que tanto me gusta oír; me las dices con ese tono lascivo, plagado de deseo. Las ansias por sentir cómo cumples tu cometido hacen que vuelva a estremecerme. Y es entonces cuando vuelves a jugar con mis senos; cuando vuelves a lamerme los pezones; y cuando más fuerte grito. Y después es la retirada; el merecido descenso al paraíso, hasta el monte de Venus, esas escarpadas montañas consagradas a la hermosa diosa griega, las puertas del manantial de aguas cristalinas donde te doy a beber mi más sagrado elixir. Ávidamente te sacias, mientras yo me siento enloquecer. Y después es el turno de tu pequeño soldadito, ese bravo guerrero que con tanta valentía me acomete. Y es entonces cuando, dentro de mí, con nuestros cuerpos sudorosos, emprendemos esa singular danza, con los latidos de nuestros corazones desbocados como toda música. Somos dos suicidas que buscan la muerte; dos volcanes que necesitan estallar; somos agua y fuego a un tiempo. Somos dos, aunque en realidad somos uno; siempre lo hemos sido. Pero, sobre todo, cuando estallamos; cuando nos apagamos; cuando nos liberamos. Entonces, todavía jadeantes, nos miramos mientras recuperamos el pulso normal; nos sonreímos con expresión de satisfacción, después de haber saciado nuestro apetito, y tú me muerdes el labios inferior; yo te ofrezco la boca y nos besamos. Es éste un beso romántico, lleno de cariño.

Momentos más tarde, relajados y agotados, nos dormimos. Caemos en un placentero sueño; me abrazas y siento tus manos en mi vientre. Y sé que, al cabo de unas horas, será tu soldadito quien con marcial puntualidad me despierte, erguido y ya dispuesto para otro combate.

Autor: Javier García Sánchez.

Desde las tinieblas de mi soledad.

04/02/2020.