DEL AMOR Y OTROS DEMONIOS (III)

Análisis de la obra:

La obra versa sobre los últimos meses de vida de una adolescente que, después de salir de casa con una sirvienta el día de San Ambrosio (el 7 de diciembre), fecha de su duodécimo cumpleaños, es mordida por un perro con rabia, tras adentrarse por el Portal de los Mercaderes y llegar al puente levadizo de Getsemaní para contemplar el desembarco de negros procedentes de Guinea.

A raíz de este incidente se desata la histeria en la casa. Pese a que la mordedura era superficial, se teme que la niña haya contraído la enfermedad. La madre recibe la noticia con indiferencia, pues nunca le había despertado ninguna simpatía su hija, quien le recordaba demasiado a su esposo, con quien se había visto obligada a casarse tras quedar embarazada; y, como prueba del desprecio, ni tan siquiera sabe cuántos años cumple. El padre, por contra, aunque tampoco sentía aprecio por ella -de hecho la niña dormía fuera de casa, con la servidumbre-, le cobra afecto cuando se entera de lo sucedido. Entonces contacta con el médico más reputado de la región, un hombre polémico por sus ideas heréticas -no debemos olvidar que la novela transcurre en el siglo XVIII, cuando la Iglesia tenía un enorme poder-. Después de un examen exhaustivo, el médico concluye que no hay síntomas de rabia; y nada hace pensar que vaya a manifestarse, pues había pasado ya mucho tiempo.

No obstante, el pánico persiste, pues se tiene conocimiento de casos de rabia que se han dado meses después de la mordedura. Esto da pie a que, a raíz de una enfermedad que padece la niña, se crea que los primeros síntomas empiezan a manifestarse.

Por entonces llega a oídos del obispo la noticia; entonces éste se pone en contacto con el padre y le aconseja internar a la criatura en el convento de Santa Clara. El padre la viste y se la lleva de madrugada, sin ser visto por su esposa; pero, sólo despedirse de ella, frente a la puerta del convento, empieza a sentir remordimientos.

En el convento es internada en una celda a parte, separada de las monjas, con unamonja que estaba condenada a cadena perpetua por haber asesinado a dos compañeras. Ahí permanece callada y solitaria, alimentando su frustración por el trato recibido, que se une a los traumas que ya arrastraba, debidos al desprecio de sus progenitores. En el patio fue asaltada por otras reclusas, quienes le robaron algunos de los collares que llevaba; unos collares que le regalara su aya, una antigua ama de llaves, ya fallecida, de origen mulato, que la puso en relación con el mundo negro; le enseñó lenguas africanas y le regaló aquellos amuletos, además de prometer a Okolun -una deidad de origen yoruba- no cortarle la cabellera hasta el día de su boda, si la salvaba; pues la niña había nacido sietemesina, y se temía por su vida.

La reacción violenta que tuvo la niña frente a sus agresoras alimentó lamala opinión que tenía respecto a ella la abadesa, enfrentada al obispo desde que tiempo atrás surgiera un conflicto entre el convento y el episcopado a raíz de unos terrenos. Por aquel entonces, el episcopado había intentado sitiar el convento; pero las monjas consiguieron avituallarse a través de un túnel secreto. Y ahora la abadesa mantenía un odio visceral contra el obispo, que se reflejaba en la pobre niña, a quien se la relacionaba con el demonio debido a su indumentaria, a los idiomas que hablaba cuando quería intimidarla y a su larga cabellera. A partir de aquí se le empiezan a atribuir una serie de hechos fantásticos, debido a la psicosis de la abadesa.

El hombre de confianza del obispo asiste al convento para conocer a la pequeña. Es él el encargado de hacer el exorcismo. La niña, uraña, rehúsa el contacto; le miente y llega a agredirle, dado su estado de frustración. El prelado, no obstante, persevera en el trato con ella y lentamente se gana su confianza; mas al mismo tiempo empieza a enamorarse de ella.

Esto da pie a una crisis de valores en el cura. Se establece una lucha entre los principios que le dicta la Iglesia y su sentimiento por la niña. Y un día, incapaz de soportar la tensión, se lo confiesa al obispo, quien lo aparta de la encomienda y lo envía como enfermero al hospital de leprosos del Amor de Dios.

Cuando la esposa se percata de la ausencia de la hija, habla con su marido, quien le informa. Entonces, libre de toda atadura, lo abandona; y él, ya libre, va en busca de una antigua amante, reclusa del manicomio Divina pastora, a quien había tenido que dejar después de que su padre lo echara de casa. Ahora, sin embargo, la relación no funciona; ya no albergan los mismos sentimientos que en el pasado.

Arrepentido de su confesión, el cura había tratado de localizar al padre; mas, al no hallarlo, fue en busca del médico, con quien pretendía hablar sobre la niña. Éste es un punto muy interesante, pues hay una relación entre ciencia y religión.

El médico recibe cordialmente al cura; le dice que no cree que la niña padezca la rabia, y que debe salir del convento. Por otro lado, le muestra su casa al prelado, quien observa con gran interés la vasta biblioteca. Aquí asiste a otra crisis; pues, en su trato con aquel hombre tan polémico, denostado por la Iglesia, da con el cuarto libro del Amadís de Gaula, que le fuera requisado al entrar en el seminario. El galeno se lo regala; y, aunque él lo rechaza y le amenaza con dununciarlo por tener un libro prohibido, el otro se mantiene tranquilo, seguro de que el cura no obrará de tal modo.

Tras la entrevista con el médico, el prelado decide ver a escondidas a la niña, para lo cual se sirve del pasadizo secreto. La pequeña, que al principio se muestra reacia, acaba consintiendo. Cuentan con la complicidad de la otra reclusa, la única que sabe de aquellas visitas, iniciadas de madrugada y concluidas con las primeras luces del alba.

Para el exorcismo se le corta la cabellera a la niña y se le quitan sus collares, algo que en sí es una humillación para la niña Pero ésta cuenta con las visitas de su amante; y eso le hace sentirse bien.

El obispo se había encargado personalmente; pero en la primera sesión, cuando le gritó a la niña para llevar a cabo el ritual, ésta, asustada, respondió de igual modo, y el prelado sufrió un desvanecimiento que le llevó a apartarse del caso.

Su puesto fue ocupado por otro cura experimentado, quien tenía conocimiento de lenguas africanas, el cual se percató de que la niña no estaba endemoniada, sino que tan sólo se comunicaba en otras lenguas, debido a su crianza. Esto podría haber cambiado su suerte; y, de hecho, el cura le dijo que pronto quedaría en libertad. Mas al día siguiente de la visita, el prelado aparece ahogado. Ello dio pábulo a que se le acusara de la responsabilidad de la muerte, del mismo modo que se le atribuían otros hechos fantásticos.

El problema aparece cuando la otra reclusa, desesperada tras dos intentos de fuga frustrados y después de que el nuevo virrey le negara el indulto, decide aprovechar el pasadizo secreto. Entonces las monjas descubren la artimaña del cura; y, como medidas, tapian la entrada y trasladan a la niña a otra celda.

El exorcismo continúa con otro cura. Pero la niña, tortutada y traumatizada por el maltrato recibido y privada de ver a su amante, el único consuelo que le quedaba, deja de comer y se deteriora a gran velocidad; y el 29 de mayo, finalmente muere.

Como puede observarse, se trata de un drama muy cruel, fruto de un ligero incidente que de por sí no había tenido ninguna consecuencia. Por otra parte, cabe destacar que la obra aparece enmarcada como un trabajo periodístico, pese a ser ficción; la presenta como un encargo del jefe de redacción del periódico para el que supuestamente trabajaba el autor en 1949; y entonces, al desplazarse al antiguo convento de Santa Clara, que estaba siendo derruido para construir un hotel de cinco estrellas, se abrieron las tumbas y se hallaron los restos de los marqueses de Casalduero y de su hija, cuya cabellera medía 22 metros y 11 centímetros. Es este hecho el que marca el origen de la historia.

Hay un dato curioso; y es que, si bien García Márquez enmarca la historia en 1949 para de ahí retrotraerse a dos siglos antes, la novela fue escrita en 1994. Es decir: se cambió el orden de los dos últimos números. Es un recurso que podría hacernos pensar en otras novelas, como 1984, de Georges Orwell, que basa su acción en 1948.

Por tanto, y para concluir, en el presente libro se aborda el mundo negro para contraponerlo al blanco; se da voz al mundo africano, tan soslayado, a pesar de su gran presencia en las raíces de los habitanes de América Latina en general, y de Colombia en particular. Y, junto a este tema central, se muestra el gran peso que tenía la Iglesia del momento; la fuerza de los prejuicios. Y el amor, que aparece en el título, junto a esos demonios -las culturas africanas-, personificado en el amor entre la niña y el cura.

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