MI MUNDO ONÍRICO

¿Por qué tuve ese sueño? Aún hoy me lo pregunto. Una no puede controlar sus sueños. Ahí, en el subconsciente, es donde anidan todos nuestros temores y anhelos; aquéllos que durante la vigilia reprimimos. Ése es su mundo; cuando de verdad despierta nuestro auténtico yo y de alguna manera estamos indefensos. Entonces, bajo ese mundo vaporoso y efímero, pero que nos parece tan real y sólido como el que vivimos durante la conciencia, experimentamos toda clase de sensaciones. Y lo que experimenté aquella noche fue algo mágico.

Me encontraba en una playa de Niza con mi amigo Pierre. Es curioso que apareciera en mi sueño; una de tantas ironías como nos depara esta existencia tan cruel y tan sádica. Digo esto porque Pierre, un rubio de ojos verdes de 1’80, complexión atlética, con una melena rizada casi tan larga como la mía y una dulce sonrisa, se había convertido casi en un hermano para mí. Era un encanto; muy gracioso y detallista. Es decir: lo pasábamos muy bien y el chico, por añadidura, estaba como un queso; mon chery Brocciu, le llamo cariñosamente. Y podríamos ser más que hermanos, de no ser por el pequeño problema de la confluencia de intereses; y es que al bueno de Pierre también le gustan los hombres. No lo podía creer. Demasiado perfecto para ser para mí; debía tener una pega. Bueno… Al menos ya sé que no quiere a otra mujer; eso es un alivio. No puedo ser rival de un valiente soldadito.

Pero en los sueños se abuelen las normas; ahí todo es posible.

Nos encontrábamos en una playa de Niza, como ya dije, una noche, tendidos desnudos bajo un manto de estrellas, escuchando el rumor del oleaje que moría en la orilla, sin pronunciar palabra. Era una sensación muy placentera yacer sobre la toalla con el hombre al que amaba y que me amaba. Sí. Porque me amaba, del mismo modo que yo a él, sin el pequeño obstáculo que en el día a día nos impedía dar ese paso.

Empecé a sentir la pasión de los astros en el firmamento; me sentí subyugada por el oleaje; fantaseé con la idea de que la luna llena nos observara y fuera testigo de nuestro amor.

Me puse encima de él y comencé a besarle mientras le acariciaba el torso. Él me volteó y comenzó a comerme la boca. Gemí cuando me lamió los senos; cuando me mordió los pezones. Pronto nos encendimos, entregados a una pasión casi prohibida, con el peligro de que en cualquier momento nos descubrieran; que nos oyeran aullar como lobos y nos cortaran en medio de la magia. Era un riesgo muy grande; y era eso lo que más nos encendía.

Entonces gozamos como nunca lo habíamos hecho. Sentí su cuerpo dentro del mío; se movía con bravura y me embestía como las olas embestían a la orilla, con su suave ronroneo de fondo. Gemíamos como gemía el mar en su eterno coito con el cielo; en ese orgasmo sin fin que tanto me relajaba y me excitaba a un tiempo. Éramos fuego, ardiendo ambos por dentro; así como éramos agua, ansiando desbordarnos. Él era el volcán que debía derramar su ígnea lava; yo, el manantial que la apagaría.

Cuando todo acabó y cesaron los espasmos, nuestros ojos se buscaron en la oscuridad y nos besamos. Tras ello nos adentramos en medio del oleaje, para agradecer con su abrazo la complicidad que nos había brindado, y volvimos a besarnos.

Al despertar no pude reprimir el impulso de telefonear a Pierre y contarle mi sueño. Era una locura; algo incestuoso, casi. Pero, como no podía ser de otra manera, recibí una respuesta relajada:

– Eres maravillosa, Nicole- me dijo con una carcajada.

– Hay algo más -agregué-: tengo una canción para ti.

Y entonces empecé a cantarle la canción de los dibujos de Marco. Sé que se quedó desconcertado, pero da igual. Ahora sabe hasta qué punto le quiero; y eso es lo importante.

Aunque lo nuestro sea un imposible, sé que una noche fue mío. Y cada vez que vaya a una playa de Niza; cada vez que me tienda en la arena con el espumoso oleaje de fondo y la luna en lo alto, pensaré en Pierre. En Pierre; y en cuánto quisiera tener su monito entre mis piernas. Amedio se llamaba. Me derrito sólo de imaginarlo.

Autor: Javier García Sánchez,

Un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

15/07/2020

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