ACOSO (VI)

– Satisfecha mi sed de venganza contra aquéllos que contribuyeron a hundirme, mi comportamiento ante la sociedad sería como el de cualquier otra persona que no se apartara de las normas. Desde el inicio de la entrevista, de hecho, creo que he sido racional; que le he tratado con respeto y he sido educado en todo momento. Pero es lógico que no me crean y que prefieran tenerme encerrado; porque en este país, como en el resto del mundo, no se busca solucionar problemas, sino poner parches; y, sobre todo, abogar por la venganza. Curioso, ¿Verdad? Abogar por la venganza. Es lo que hice; y lo que el Estado ha hecho a su vez conmigo. Ahora bien: ellos dieron el primer golpe; un golpe que duró dieciocho años, y cuyas consecuencias perviven todavía. Lo mío fue una reacción a su actitud. Yo no soy más que el resultado de lo que me hicieron. Y ahora se me castiga, como si tuviera la culpa.

¿Y sabe otra diferencia? Yo tengo la sensatez de admitir que actué por venganza. Ellos no; ellos, con todo su gran cinismo, dirán que es por justicia. Si usted pregunta a las familias de esos diez tipos, le dirán: ‘queremos que pague lo que hizo’. Pero en ningún momento le dirán que actúan por venganza; le dirán que es lo justo. Y pregunto yo: ¿Quién me hizo justicia a mí durante aquellos dieciocho años? ¿Dónde estaba el Estado entonces? Esos familiares que quieren que me pudra en la cárcel, ¿De verdad se han tomado la molestia de escucharme? ¿De verdad saben cómo era esa gentuza a la que ajusticié? Porque, si lo saben y a pesar de todo me condenan, son tan culpables como ellos; y, si no lo saben, son tan sólo unos ignorantes que actúan de forma visceral y no atienden a razones.

– Desde el momento de su detención, usted se negó a un abogado de oficio. ¿Por qué?

– No necesito nadie que hable por mí.

Señorita, creo que, por lo que he dicho hasta el momento, queda bien claro que no creo en el sistema.

¿Un abogado de oficio? ¿Qué debo hacer? ¿Negar que maté? Es absurdo; hay pruebas sobradas de que lo hice. Si se trata de guardar las formas, de no perder los nervios, de no interrumpir… Eso déjenlo para otros; acaso para drogadictos y gente sin estudios que no sepa controlarse; o para aquéllos que me increparon mientras entraba en los juzgados. Si no llega a escoltarme la policía, me linchan allí mismo.

¿Justicia? ¡Menuda farsa! ¡¿Un abogado!? ¡¿Para qué!?¡¿Para que pueda sentirse realizado!? ¡¿Para alimentar su ego y que tenga una excusa para el sueldo que recibe!? ¡No, gracias!

– Ha dicho que tuvo un tumor; y que a raíz de la operación tiene una lesión cerebral. ¿Por qué no lo mencionó en el juicio? ¿Por qué no alegó demencia?

– Lo de la lesión cerebral es obvio; se nota en mi forma de caminar y en mis problemas de dicción. Y, por si alguien sospechara que finjo, está la cicatriz que tengo en la nuca. Todo ello, por supuesto, podría corroborarse con numerosos informes médicos. En cuanto a alegar demencia… No pienso caer tan bajo. No pienso tolerar que me empastillen y destruir mi organismo y mi razón, que es lo único que me queda, para eludir la cárcel. Si he de pudrirme aquí dentro, lo haré; pero lo haré estando en mis cabales. No tengo nada que perder. Ya estaba muerto cuando nací; y aquellos tipos sólo me remataron.

Autor: Javier García Sánchez,

Un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

06/08/2020.

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