UN MUNDO MUERTO

¿Qué se puede esperar de un mundo donde se vive con miedo? ¿De un mundo donde las relaciones humanas se han disuelto, se han enfriado, porque el desconocido es percibido como un peligro? ¿No será acaso eso lo que se pretende? Un régimen totalitario prohíbe las reuniones tumultuosas, ante el temor de que en ellas se fragüen conspiraciones. Pero los ciudadanos sólo acatarán las leyes mientras se sientan vigilados, puesto que no compartirán las mismas, que sólo tienen por objeto perpetuar la opresión sobre los débiles, impidiendo que hablen con una única voz.

Ahora bien: las cosas cambian cuando los mismos que se sienten oprimidos consideran que esas normas que buscan alejarles de sus semejantes no se hacen para luchar contra sus intereses, sino para protegerles. En esa situación uno no se siente prisionero, no se siente esclavo; y entonces el sentimiento de rebeldía se extingue por sí solo. Uno acata la ley porque, por más que el gobierno le parezca aborrecible, cree que en este punto al menos sus intereses confluyen. Aceptará privación de libertades, del mismo modo que lo haría en caso de alerta terrorista; porque tiene miedo.

Hoy día es muy raro recibir un abrazo, un beso o un apretón de manos. Quienes somos más cálidos, quienes estamos más acostumbrados a dar y a recibir esas muestras de afecto, observamos lo difícil que es hacer esos pequeños gestos en estos tiempos. Ahora un desconocido a quien ofreciéramos amigablemente la mano nos respondería con una mirada desdeñosa, suspicaz, como si quisiéramos timarle o tuviéramos el sida. Pocos son los que aceptan el desafío o nos obsequian con una sonrisa. Incluso, aunque haya distancia social, siempre es poca; siempre se busca ampliarla. El gel antibacterial actúa como spray antiviolador, y la mascarilla nos oculta los dientes por lavar, el mal aliento y las manchas de café.

Pero lo realmente malo de todo esto no es que nuestras expresiones de afecto ahora se vean limitadas, sino que el mundo como lo conocimos ya no volverá. Los que tenemos una edad y hemos conocido el cariño lo añoramos. Pero es que las nuevas generaciones crecerán con la idea de que el otro es peligroso; que hay que mantener las distancias y desconfiar.

Perfecto. La rueda ha girado. Hemos tenido absolutismo, democracia y, ahora, el régimen ideal, tantas veces apuntado por Chomsky. Hay libertad de reunión, de asociación… Todo es legal, pero no recomendable. Y no es que no sea recomendable porque pueda perjudicar a terceros, sino porque nos puede perjudicar a nosotros mismos. Hoy nuestro núcleo debe reducirse a la familia y, en todo caso, a las amistades más cercanas. El desconocido puede ser portador de la muerte; puede tener ese temible bicho que tanto nos aterra. Y es que hoy día, cuando alguien estornuda, quienes se hallan cerca se giran despavoridos para saber de dónde proviene la detonación, quién ha apretado el gatillo, dónde se produjo la explosión. Porque hoy la gente vive con miedo, con pánico. La gente se ha olvidado de vivir, ha muerto. Y el mundo también está muerto.

Autor: Javier García Sánchez,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

03-10-2020.

4 comentarios en “UN MUNDO MUERTO

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