LA LLAVE

*Dinámica presentada al grupo Atracción literaria: Prosa y poesía, de Andrea Gastelum/Mar Aranda.

Había pasado los primeros años bajo los dictados de sus padres; luego, bajo los de sus maestros. Siempre le habían señalado el camino; siempre la habían dirigido, como a sus compañeros de escuela. Las dulces palabras eran el método más habitual, pero no siempre servían, y menos ante una naturaleza curiosa como la suya. Se empezó a cuestionar aquellos dictados impuestos como dogmas de fe, sobre todo cuando aquellos adultos le respondían con severidad o con desprecio, como si no tuviera siquiera el derecho de la duda. Y, perspicaz como era, se daba cuenta de que ella no era como los demás niños. Ellos no albergaban dudas; se limitaban a obedecer sumisamente. Eso hacía que se sintiera sola, abandonada, indefensa. Mas, a pesar de todo, en su interior nacía la llama del orgullo, una llama que con el tiempo ardería con fuerza, conforme se reafirmara ese sentimiento de superioridad.

Pero aún era pronto. Sabía que era diferente, pero era un mar de dudas. Ansiaba conocer, descubrir el mundo, huir de ese universo de sombras donde los demás se sentían tan cómodos; escapar de ese rebaño de borregos que eran sus semejantes. Sabía que no sería fácil; que tendría que tendría que pagar un elevado precio, el precio de la soledad, cuando no uno mayor. Pero no podía hacer nada. Habría sido peor traicionarse a sí misma, renunciar al conocimiento y a la verdad por el respeto de gente vacía, por la compañía de almas muertas. Habría sido una renuncia mayor que la que se disponía a operar; renunciar a sí para desperdiciar su existencia junto a seres anodinos e insignificantes. Y es que poco a poco había aprendido a despreciar a esos seres que a diario masticaban y tragaban el pienso que en forma de vagos discursos pronunciaban sus mandatarios; esos sujetos que pasaban sus vidas pendientes del celular, de los deportes, de programas estúpidos, de películas de violencia barata; personas que conducían vehículos a toda velocidad y escuchaban un ruido estridente acompañado de una letra obscena, ridícula, obscena e insustancial, que acreditaba su falta de luces, todo a volumen ensordecedor. Su mayor inquietud era qué equipo había ganado tal o cual competición; qué nuevos jugadores incorporaría para la siguiente temporada.

No. Ella había huido de esa manada de dóciles borregos, y nunca regresaría al redil. Prefería permanecer apartada y contemplar desde la distancia la tragicomedia que suponía regodearse ante tanta estulticia. Alimentaría su soledad para hallar la riqueza de la sabiduría. Suya era la llave que le abriría la puerta del conocimiento. Esos libros la esperaban para tratar de aplacar su sed, pese a todo siempre insaciable, por aprender. Ahí estaba su auténtica vida, su auténtico placer, su auténtica libertad, lejos de la ignorancia que la rodeaba.

Autor: Javier García Sánchez,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

09/10/2020.

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