MI MAYOR ANHELO (III)

Escrito compartido en el mundial de escritura con el grupo Nada nos detiene:

Yo continuaba con mi vida monacal, sin apenas salir de casa. La diferencia era que ahora mi voz se oía en cualquier parte de la casa, a pesar de que la puerta del dormitorio estuviera cerrada, en especial cuando alguna ocurrencia de Rubén me hacía proferir una estruendosa carcajada. En la mesa no podía borrarme una sonrisa de idiota al recordar nuestra última conversación. Y aquel hombre, por supuesto, se convirtió en mi tema favorito cada vez que platicaba con mis padres o con mis amigas; cualquier asunto que estuvieran abordando yo terminaba desviándolo a mi terreno. Mi actitud empezó a preocupar a mi madre, que un día me insistió en conocer a aquella diabólica persona que a su juicio había trastornado a su hija. Se lo comenté a Rubén y se mostró de acuerdo, aunque aquello le ponía un poco nervioso; es muy tímido.

La experiencia fue breve; no más de unos pocos segundos, los suficientes como para que se vieran y se intercambiaran un saludo. Yo estaba emocionada porque se conocieran mamá y mi novio –ya era oficial-; Rubén estaba sonriente, con esa expresión de dulzura que le caracteriza; mamá, sin embargo, con el cabello corto y entrecano, le clavó una mirada gélida. Tenía el ceño fruncido, amenazante, con tensión concentrada. Más tarde, a solas con mi chico, me confesó que casi había podido sentir el fuego de sus pupilas; que en sus ojos había visto que aquella mujer anciana le decía con la mirada que si le hacía algo a su hija invocaría a todas las divinidades del panteón tolteca con tal de destruirlo; e incluso cruzaría a nado el Atlántico si fuera necesario para arrancarle los testículos y echárselos a nuestro perro.

Reconozco que mamá estuvo arisca, pero Rubén la entendió; vio normal que se preocupara por su niña. Papá, en cambio, es todo lo contrario. En su juventud era muy atlético, y aún le queda vigor; pero se le ha calmado mucho el carácter, hasta el punto de convertirse en un tipo flemático. A mi hermano y a mí nos crió con mano dura extremadamente dura; pero ahora nunca pasa más allá de dar un par de gritos para desahogarse. De hecho, en algunas ocasiones mamá y yo hemos discutido acaloradamente; y entonces él se ha limitado a agachar la cabeza y dar media vuelta para dirigirse al salón, como un perro apaleado. Y, ciertamente, tiene el mismo aspecto que Nel, nuestro pastor alemán, cada vez que le riñe.

El caso es que, pese a toda su docilidad, no dio su brazo a torcer. Después de que le propusiera conocer a Rubén se negó en redondo; me respondió que lo conocería cuando viniera a buscarme. Mi novio también lo entendió; me dijo que era una actitud comprensible. Lo que le intimidó fue el hecho de saber que duerme con una pistola en la mesita de noche. Nunca la ha usado, y no creo que lo haga; él mismo dice que sólo es un arma de seguridad

Pero ahora, consolidada la relación, aunque aún no podamos estar juntos, mamá se ha despojado de sus temores; ya no es esa suegra desdeñosa cuya mirada podría haber petrificado a la misma Medusa. Ahora lo mira con afecto, casi como a un hijo. Me ha visto llorar cuando ha estado accidentado; y a él lo ha visto preocuparse por mí. Sabe cuánto me importa y cuánto me quiere.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s