MI MAYOR ANHELO (V)

Era Victor, su hermano. Llegó al comedor con paso decidido, con una sonrisa vanidosa. Estaba muy cambiado. Había crecido unos centímetros y se había rapado el poco cabello que le quedaba. También había ganado en corpulencia; una corpulencia obtenida a base de largas horas de gimnasio varios días por semana, como mostraba aquella playera ceñida que le marcaba los pectorales. Lo cierto es que cuando lo vi me causó repugnancia.

En cambio, su reacción al verme fue muy distinta de la mía; se le cambió por completo el semblante. No sabría describir exactamente la expresión de su rostro; sólo puedo decir que me dejó helada; que algo en mí me alertó del peligro. Había en sus ojos una mirada lasciva, de deseo mórbido, como si hubiera visto la oportunidad de saciar sus apetitos carnales; o quizá como si sintiera que podía reanudar la historia que él mismo había cerrado tanto tiempo atrás. Quién sabe. La psicología humana es tremendamente complicada.  

Quizá mis palabras sean insuficientes para reflejar todo el miedo que sentí. Creo que hace falta ser mujer para comprender de lo que hablo. Y Lorena lo comprendió. No vio a su hermano; vio a un depredador sexual; y al momento se puso de mi parte. Sin mediar palabra, Víctor avanzó hacia mí. Nosotras nos habíamos puesto de pie, alerta por lo que pudiera pasar.; mas, en cuanto vio sus intenciones, mi amiga se abalanzó sobre él. Aquello fue tan loable como temerario, dada la aguda diferencia que había entre ambos; él era mucho más fuerte. Imagino que contaría con el factor sorpresa; con que no se esperaría el ataque. Y, además de eso, acaso también contara con la bondad fraternal, que debía llevar a aquel tipo a abstenerse de infligirle daño alguno, a pesar de tratarse de un enfermo.

En cualquier caso, como ya digo, mi amiga hizo ese acto de heroísmo. Se tiró contra él con tanta fuerza, que ambos cayeron en el suelo. Yo estaba paralizada. Me despertaron los gritos de Lorena exhortándome a que huyera, a que me largara de ahí cuanto antes. Con su cuerpo sobre el de su hermano, yo sólo tenía unos pocos segundos, los que tardara él en reaccionar; y parte de ese tiempo lo desperdicié en mirar desconcertada a mi amiga. Por una parte, quería irme y escapar; por otra, temía dejarla a solas con aquel monstruo. Fue preciso que volviera a gritarme, esta vez con toda su furia, para hacerme reaccionar.

Salí de aquella casa y bajé las escaleras a toda velocidad, casi hasta quedarme sin aliento. No me atreví a llamar a casa de ningún vecino; tardarían demasiado. Para cuando hubieran abierto, yo ya habría desaparecido, apresada por aquel lunático, que me habría metido de nuevo en su casa y me habría hecho lo que todos sabemos. Además: no me conocían; no le abrirían la puerta a una desconocida.

Ya en la calle grité y pedí ayuda, pero fue inútil. En mi país la gente vive con mucho miedo; temen que por intentar auxiliar a alguien se metan en un lío que les cueste la vida. Aquí las mafias tienen mucho poder; uno puede llegar a sentirse indefenso.

Por suerte, un taxi oyó mis ruegos y paró. Subí sin dudar. Iba a decirle que arrancara pronto, sin una idea clara de adónde ir, pero no hizo falta; él pulsó el cierre automático y apretó el acelerador. Sólo entonces me di cuenta de que en el asiento del copiloto estaba el taxista. Y el taxista estaba muerto.

Autor: Javier García Sánchez,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

30-10-2020.

2 comentarios en “MI MAYOR ANHELO (V)

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