CARTA A BENITO PÉREZ GALDÓS

*Carta presentada al concurso literario Cartas a Galdós, de Cantabria:

Valencia, 18 de septiembre de 2020

A la atención de don Benito Pérez Galdós:

Si viera lo poco que ha cambiado el país en estos últimos cien años, se sorprendería. En 1923 hubo un nuevo golpe militar, tal como el que dio Pavía en 1874; pero esta vez fue con la connivencia del propio Alfonso XIII, que temía por su corona y no tuvo más remedio que confiar en el ejército.

Pero esto no fue suficiente para contener las tensiones, y en 1930 cayó la dictadura; y ésta, a su vez, arrastró a la monarquía, que había sido cómplice. Como resultado, el 14 de abril de 1931 se proclamó la II República en medio del entusiasmo popular. Como en 1868, los Borbones marcharon a Francia; y, como en 1868, conspiraron. En 1936 los militares se sublevaron jalonados por la Iglesia, que había visto peligrar sus privilegios con el gobierno progresista de 1931, cuando se prohibió la enseñanza a las órdenes religiosas. Continuaba así la tradición intervencionista de los militares inaugurada por Espartero, como usted apuntó.

El levantamiento fracasó, pues la República tenía el apoyo popular y el gobierno aglutinaba a la izquierda, sin la división de 1873. Ello desembocó en una guerra civil de tres años con un gran derramamiento de sangre -a diferencia de lo que sucedió en el siglo XIX- que culminó con la victoria de los sublevados y con la instauración de un régimen dictatorial. Hubo grandes hambrunas, debido al aislamiento internacional, y la Iglesia volvió a controlar la educación. Ahora a través del Opus Dei.

En 1975 falleció el dictador, pero dejó el país al nieto de Alfonso XIII, sin que se nos diera la posibilidad de recuperar la República. Por suerte, la Iglesia salió de las aulas, pero sigue percibiendo una asignación por parte del Estado, y hay miembros del Opus en ambas Cámaras y en el poder judicial.

La separación de poderes que plantea la Constitución es una farsa; Montesquieu ha sido pisoteado. Los miembros del poder judicial son designados por los partidos con mayor peso parlamentario, algo que hace que sea muy fácil delinquir cuando se está en las altas esferas, máxime cuando en la cúspide de la trama está el rey, cuya figura es inviolable. De este modo se constituye en padrino de toda una mafia que lo protege para seguir delinquiendo, tal como hacía en el siglo XIX. Porque, por supuesto, la monarquía está blindada; se precisa una mayoría casi imposible para discutir el modelo de Estado. De manera que tras la ficción de democracia se esconde una dictadura encubierta.

Esto es posible gracias al control de la prensa. La disensión es posible, pero siempre dentro de los cánones fijados para mantener las apariencias. Cuando se sobrepasa esa línea, dicho partido es atacado por los medios gubernamentales para que el pueblo lo perciba como peligroso.

Relacionado con esto está el perfeccionamiento del sistema del turno mediante la inclusión de los partidos regionales, que atacan a los disidentes y ayudan a prefigurar una imagen de pulcritud. Pero lo único que sucede es que ha aumentado el número de actores en la comedia.

Alguna vez sale a la luz algo que se les escapa de las manos, como un caso en el que estaba implicado un yerno del rey. Para tapar las protestas se le metió en una cárcel para él solo, con todas las comodidades. El propio monarca –que ya ha abdicado en su hijo, para no perjudicarle el acceso al trono- evadió impuestos y se exilió a Arabia, país que le había donado una cuantiosa suma de 100 millones de dólares.

Uno de los partidos del turno, fundado por herederos de la dictadura y lleno de miembros favorecidos por aquel régimen, está imputado por corrupción, pese a lo cual no se ha ilegalizado. Y dicho partido tiene secuestrado al Consejo General del Poder Judicial desde hace casi dos años, para impedir su renovación y que los jueces nombrados por ellos sean sustituidos por otros de corte progresista que pudieran condenar a los encausados en dichos procesos.

En otro orden de cosas, le comento que recientemente ha surgido una pandemia que tiene paralizado al mundo entero. Las consecuencias no son sólo sanitarias, sino también sociales. Hemos pasado tres meses recluidos en casa; y, cuando hemos recobrado la libertad, ha sido mediante el uso de mascarillas y con una serie de medidas restrictivas que buscan nuestra seguridad. Pero el caso es que ahora la gente apenas se relaciona; hay pánico al otro. El trato es mucho más frío. Nada de besos o abrazos. Ahora el otro es sospechoso; puede tener el virus y contagiarnos.

Esto se une al teletrabajo, otra de las consecuencias de los avances de la tecnología, que ha experimentado un auge a raíz del confinamiento. Con ello se han despersonalizado las relaciones humanas y se ha roto el corporativismo. En resumen: ha sido un instrumento perfecto para destruir las protestas laborales y apretar más el yugo sobre los trabajadores.

Aquí también hay un paralelismo con su época, cuando la Revolución Industrial llevó a muchos campesinos a perder sus tierras y a convertirse en meros engranajes de las máquinas. Pero hay diferencias: aquella pérdida ya está asumida; y ésta llega sin que se la perciba como tal –o no del todo, al menos-. En el siglo XIX hubo movimientos de protesta; hoy se asume mansamente esta deshumanización.

Después de todo lo dicho hasta el momento, don Benito, la única conclusión que puedo extraer es que la situación a lo largo de este siglo recién cumplido desde que nos dejó poco ha cambiado. La República de 1873 encontró su réplica en la de 1931, que también terminó asesinada por el ejército. Y en 1975, como en 1874, regresaron los Borbones. Por otra parte, la supuesta democracia de 1975 fue acogida con el mismo entusiasmo que la Gloriosa en 1868; y en ambos casos se aniquilaron las ilusiones del pueblo.

La principal diferencia es cómo se ha organizado hoy el capital y el rumbo que ha tomado la sociedad. Debido a la tecnología, hoy la gente vive más alienada, más ignorante, más manipulable. Hemos perdido el espíritu crítico; hoy apenas nadie es capaz de protestar ni de pensar. No somos la sombra de lo que fuimos en 1868 ni en 1931. Hoy sólo somos una manada de dóciles borregos.

Un afectuoso saludo, don Benito. Confío en conocerle personalmente cuando descienda a las oscuras moradas del inframundo.

2 comentarios en “CARTA A BENITO PÉREZ GALDÓS

    1. Moltes gràcies, Lídia! Ja a eixit la resolució del concurs; per això he compartit la carta.
      Últimament publique menys, perqué estic intentant participar en concursos i vore si escric quelcom mitjanament decent.
      Fins aviat! Una forta abraçada!

      Le gusta a 1 persona

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