LA PIEL DE ZAPA, POR BALZAC

Aventuré algunas composiciones literarias, que me valieron cumplidos. Los grandes hombres de la literatura comercial, no viendo en mí ningún competidor que temer, me pusieron por las nubes, sin duda no tanto por mi mérito personal como por menoscabar a sus colegas. Vine a ser un vividor, por emplear la expresión pintoresca consagrada por vuestro lenguaje de orgía. Cifraba mi amor propio en matarme aprisa, en dejar chicos a mis más alegres compinches en punto a locuacidad y poder. Siempre estaba fresco, elegante. Pasaba por ocurrente. Nada traicionaba en mí esa horrible existencia que hace de un hombre un embudo, un aparato para hacer quilo, un caballo de lujo. ¡Muy pronto aparecióseme la Crápula en toda la majestuosidad de su horror, y la calé! De fijo que esos hombres sensatos y honrados, que ponen marbete a sus botellas para sus herederos, no podrán ni concebir la teoría de esa vida de manga ancha ni su estado normal; ¿Les inculcaríais poesía a esos provincianos para los que el opio y el té, tan pródigos en deleites, siguen siendo todavía dos medicinas? Incluso en París, en esta capital del pensamiento, ¿No se encuentran sibaritas incompletos? Incapaces de soportar el exceso de placer, ¿No se van a sus casas fatigados después de una juerga, lo mismo que esos buenos burgueses que, después de oír una buena ópera de Rossini, reniegan de la música? ¿No renuncian a la vida del mismo modo que un individuo sobrio se resiste a comer pasteles de Ruffec, porque el primero le causó una indigestión? La Crápula es, no hay duda, un arte como la poesía, y requiere almas fuertes. Para captar sus misterios, para saborear sus bellezas, debe un hombre entregarse a estudios concienzudos. Como toda ciencia, es al principio repelente, escabrosa. Inmensos obstáculos rodean los primeros placeres del hombre, no sus goces al menudeo, sino los sistemas que erigen en hábito sus más raras sensaciones, se las compendian y fecundan, creándose una vida dramática dentro de su vida, al imponerse una exorbitante y rápida disipación de sus energías. La Guerra, el Arte, el Poder, son corrupciones tan lejos del alcance humano, tan profundas como la Crápula, y todas de difícil acceso. Pero luego que el hombre lanzóse al asalto de esos grandes misterios, ¿Nos camina ya por un nuevo mundo?

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