SOBRAN LAS PALABRAS

LA COSECHA

*Escrito presentado al reto de Lídia Castro Escribir jugando. Elementos: el barquero Caronte y el coche Ford T o su año de aparición (1908):

Faltaban apenas unos minutos para la media noche; apenas unos años para que el viejo año quedara atrás y se iniciara 1908, tan deseado como su predecesor, y que sería despedido con el mismo desprecio. Millones de jóvenes aguardaban con entusiasmo las campanadas, pistoletazo de salida para entregarse a los mayores excesos. En su remota región, él esperaba pacientemente la recolección de la cosecha; los frutos de tanta ignorancia y tanta inconsciencia. Desde tiempos inmemoriales se había encargado de cruzar a todas las almas a aquel mundo de silencio y de sombras por un módico precio. Aquella noche esperaba recaudar una fortuna.

SOBRAN LAS PALABRAS

*Escrito basado en el reto de Lídia Castro:

Aquel año las aguas del río Leto se hallaban más embravecidas que de costumbre. Hera, colérica por los desmanes de su esposo, sin valor para enfrentarse al poderoso Zeus, en medio de su furor hacía temblar la tierra y arremetía contra las inocentes amantes de su marido. No importaba que hubieran sido engañadas, o acaso raptadas y violadas; necesitaba desahogar su rabia y eliminar a quienes consideraba sus rivales. El soberbio Zeus se regocijaba con el dolor que causaba a su esposa y aún con la muerte de las mortales. ¿Cómo era posible que aquella diosa no se acostumbrara a sus infidelidades, después de tantos millones de años? Mientras la raza de los hombres existiera, él continuaría deshojando margaritas. Cuando se acabaran los pétalos de una, empezaría con otra.

Impotente por no hallar remedio a tan punzante mal, Hera se mostraba implacable. Caronte, infatigable puente entre los miserables mortales y un mundo de sombras, aborrecido por el propio Pelida, quien con tanto ardor había buscado la muerte en pos de la gloria y de vengar a su amado, hacía denodados esfuerzos por domeñar unas aguas que amenazaban con quebrarle la embarcación; y, afanado en tales esfuerzos, descuidaba su gran labor: acoger las almas de los difuntos para llevarlas a su triste hospedaje a cambio de tan sólo un óbolo. ¡Pero cuántas quedaban a la deriva, a la espera de que las rescatara, víctimas también de la temible diosa!

En un momento de calma, Caronte aprovechó para hacer su paciente labor y cargar con aquellos desdichados. Pero su embarcación había quedado muy maltrecha; necesitaba otra. Por primera vez en millones de años se mezclaría con los seres humanos. Trató de pasar desapercibido con un Ford T, un vehículo que había causado sensación en su época. Claro, que de eso ya hacía más de dos siglos, y nada podría sorprender más que esa antigualla. Bueno, sí: ver apearse de ella una gabardina, debajo de la cual sobresalían unas piernas y unos brazos esqueléticos, coronada por una calavera. Aquello no podía ser real. Quienes aquella tarde se toparon con semejante estampa en el centro de Atenas creyeron que se trataba de una broma pesada; quizá fueran a rodar alguna mala película de ficción. Pero no. Aquello era real. Si alguien le increpaba, él le ignoraba; si alguien trataba de agredirle, al instante moría, y él se cobraba lo primero que hallara en sus bolsillos.

Pronto se sembró el pánico. Algunos cayeron desmayados; la mayoría huyó en medio de los gritos. Pero él permanecía impasible, ajeno a un tumulto que no había provocado. Ya tenía bastante con las locuras de sus señores; no iba a espantarse con chiquilladas. Además: necesitaba la barca, o se le acumularía la faena.

Entró a una tienda y la recorrió con calma; examinó las embarcaciones con ojo experto. El dependiente, boquiabierto, contenía la respiración. Lo único que tenía eran pérdidas; y ahora le iban a robar. Se maldijo por haber subido la persiana aquel día. Después palideció cuando sus ojos se cruzaron con las cuencas vacías de Caronte. Éste, cargado con una trirreme, dejó caer sobre el mostrador un saco que contenía un millón de óbolos de oro.

Autor: Javier García Sánchez,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

25-11-2020.

2 comentarios en “SOBRAN LAS PALABRAS

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